Menú
Crónicas

Boutique de ideas

Nuestro redactor, en otras de sus facetas que no tendemos a permitirle acá, es un polemista. Esta vez evoca (o enfrenta) una clásica actividad anual de la cultura porteña, específicamente su experiencia en la visita del escritor Martín Caparrós.

Por Diego Armijo

Ya casi al finalizar la actividad a la que he asistido, en el momento de las vergonzosas preguntas del público, me levanto para acercarme al mesón de venta de libros. Una carpa y mesón, en una esquina del cuadrilátero que han dispuesto para encerrar la actividad, aunque todo esto es ficticio. Estoy en el Parque Cultural Ex Cárcel. Para ingresar, la guardia en la caseta me ha marcado la temperatura con su pistola digital. Tengo entrada para la actividad, así que me acerco a al segundo ingreso, aquel que permite sentarse frente al escenario, encerrado sólo por cintas y tótems en medio del pasto del parque. Si no hubiera tenido entrada, igual podría haber visto la actividad de manera presencial. Era cosa de ser disparado por la guardia, deambular por el parque y sentarse en las afueras de la zona demarcada por Puerto de Ideas, a escuchar, en este caso, a Martín Caparrós.

Es domingo, hace un terrible calor desde temprano y subir el cerro caminando, desde la plaza Aníbal Pinto, es un desgaste. Pero es uno el que gasta suela, el resto de los asistentes han llegado en auto; también el afamado cronista argentino que, antes de aparecer, es presentado por una de las estudiantes de Gestión en Turismo y Cultura, carrera de la Universidad de Valparaíso, quien, junto a las compañeras en boletería y asistiendo a la producción, hace que todo funcione.

Suben al escenario Martín Caparrós junto a Paula Coddou, quien será la moderadora. Coddou vuelve a presentar a Caparrós e inicia la introducción al tema de la charla: «Descubriendo Ñamérica.» Mientras ella habla, el argentino mueve, inquieto, su pie calzado de botín negro, el que brilla por el sol como horno que nos cubre. Caparrós busca el momento en el cual intervenir, pero Coddou no lo mira, sino que está atenta a las hojas de donde saca la información y lo interrumpe.

Hay gente tirada en el pasto sobre cojines. Cubren sus cabezas con camisas y chalecos. Al fondo, donde hay árboles, pero fuera del área del evento, bajo la sombra, otros se acomodan.

—Yo escribo para no hacerme cargo. Mirá si me tengo que hacer cargo de lo que dije —dice Caparrós.

La frase se convierte en su respuesta al mentón, a las distintas derivas con las que Coddou intenta, al leer un extracto del libro Ñamérica (Random House, 2021), hacer una pregunta. Pareciera que ella busca que Caparrós defienda su libro y él sólo desea pasar página.

Una cita del libro:

Su mercado es el más tradicional y se forma dos veces a la semana, jueves y domingos: entonces, tantos llegan. Hoy, jueves bien temprano, rebosa de personas. Son miles y miles comprándose y vendiéndose, cruzándose, relacionándose con la relación más habitual de los dos o tres mil años —yo te doy algo, vos me das algo—, como en tantos lugares del planeta ahorita mismo. Sólo que aquí lo que se vende se ha producido cerca y lo venden, en general, los que lo hicieron y, además, las vendedoras se visten diferente. El mercado de Chichicastenango es un refugio: de los mercados de antes de la unificación del made in China; de una cultura que el mundo se va tragando poco a poco.

En la misma sección del texto Caparrós explica que visitó aquel mercado, pues en una guía de turismo que leyó decía que ahí estaba el verdadero «espíritu de América Latina».

—Primero me preocupé de que nuestro espíritu fuera tan vago, tan perezoso. Porque un espíritu que sólo trabaja jueves y domingo me parecía que podía ponerle un poco más de ganas.

Escuchar eso fue mi primer desagrado. Uno, que viene de familia comerciante, tiene muy claro que, aunque el emplazamiento de la feria, con toldos y mercadería, sólo suceda dos días a la semana, no significa que los demás no se haga nada. Se compra reposición, se va al banco a depositar o cambiar plata y se hacen entregas a caseras.

El problema es que, desde este punto de la charla, quedo tostado. Más aún con la guía de Paula Coddou, que no ayuda en nada a templar el ambiente. Ella, actual editora de la revista Sábado del diario El Mercurio, hace preguntas con tendencia reaccionaria. Eso sí, todo en base al libro de Martín Caparrós: migraciones, victimización de los pueblos colonizados, políticas identitarias y violencia. Coddou aprovecha los temas y la lengua adornada de bigote del cronista para intervenir con puñaladas a la izquierda y el progresismo latinoamericano. Nunca hay preguntas sobre la derecha.

Tampoco Caparrós ayuda mucho. Habla de «supuestos pueblos originarios» al criticar la demanda de políticas identitarias, pues para él la diversidad de identidades sólo se entiende mediante los recursos económicos. Mejora un poco su discurso cuando habla de los matices canallas, cuando se contraponen la desigualdad con la igualdad y las maneras que tiene el discurso político de no dar pleno cauce a esta última.

Asistiendo a esta charla en particular y revisando el programa, encuentro otras donde se evidencia una propensión a guiar las actividades hacia una ideología ultraliberal. Por ejemplo, una que se titula «El resentimiento: una amenaza para la democracia». ¿De dónde salen estas ideas? ¿Quién organiza este descalabro?

En la página web de Puerto de Ideas, sección Directorio, figuran los seres que toman las decisiones. Llama la atención un nombre: Pablo Dittborn. El ex gerente general de The Clinic y ex director general de Penguin Random House Chile es parte de este.

Dittborn, en mayo de 2021, entrevistado en el diario del cual fue parte, evidenció su famélico vínculo con Valparaíso y su fallido intento por ser candidato a concejal:

—En marzo del año pasado me quedé en Playa Ancha y no volví a Santiago hasta febrero de este año. Busqué ir de candidato a concejal por Valparaíso. Sentía que había un gran trabajo que hacer. Pero la gente con la que conversé del sector PS-PPD, encontraron que yo era muy nuevo para presentarme en Valparaíso.

Este es uno de los sujetos detrás de Puerto de Ideas.

Otros, del consejo asesor: Ascanio Cavallo, Manuel Antonio Garretón, Agustín Squella y Adriana Valdés.

Paula Coddou, quien fuera también parte de la revista Cosas, de tan superficial, le pregunta a Caparrós si sigue pensando que los chilenos somos aburridos. El escritor vuelve a hacerse el desentendido y, como antes parafraseara a Carlos Caszely, no tiene porque estar de acuerdo consigo mismo.

—Lo que dije es que nos relevaron el papel de odiosos.

Para seguir el hilo, la periodista comenta que en este momento se dice que Chile está viviendo un momento de argentinización, como antes se hablaba de Chilezuela. Paula Coddou, con soltura burguesa, tira esas frases como si dijera verdades y no sólo los terrores de su clase social.

Martín Caparrós, ya despojado de las preguntas del público, baja del escenario y tras él se forma una fila de lectores ansiosos por obtener su firma. Él bajo un toldo, el público todavía al sol.

(*) Ilustración de Vladimir Morgado.

Sin comentarios

    Leave a Reply