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Reportajes

Plataforma Crítica: una autobiografía coral

Luego de tres años de funcionamiento debemos bajar las cortinas. Como manera de revisar en perspectiva el trabajo realizado, se les preguntó a los trabajadores algunas experiencias vividas durante este periodo. Si no hay nada más allá después de esto, que queden estas voces reflexivas como un punto suspensivo.

Por Diego Armijo

VAMOS POR ANCHO CAMINO

Fue en marzo de 2020 cuando nos reunimos para la primera de pauta de Plataforma Crítica. Aquel primer equipo redactor estaba integrado por participantes del Laboratorio de Escritura Territorial de los años anteriores, 2018 y 2019. Aunque en su mayoría eran de este último año. He escuchado cómo el espacio crítico y la discusión textual de aquel taller dio origen a la creación, al menos la idea, de generar un espacio para el desarrollo de estas escrituras.

—Recuerdo algunos momentos de inquietud, como cuando recién partimos. Recuerdo esa primera reunión en Balmaceda, que se pareció mucho a lo que fue el taller del LET, de poder comentarnos los textos, hacernos sugerencias. Pero claro, cae la pandemia, nos vamos al encierro y todo se detuvo un poco, entonces dejaron de haber actividades, lanzamientos. Ese momento lo recuerdo como con extrañeza, con reuniones de pauta por zoom, y todos medio que no cachando que hacer, pero tener que seguir no más —principia Pablo Jara.

A principios de junio, en ese contexto de encierro, fue cuando se publican los primeros textos. Abarcando entrevistas, reportajes, crónicas, perfiles, reseñas y fragmentos fue que fuimos armando. De esa primera publicación podemos encontrar la crónica «Últimos días de Concreto Azul», en donde Jara se despide de una librería pronta a cerrar.

Este texto busca ser un recuento sensible de las experiencias de trabajo en Plataforma, mirando hacia atrás, pero considerando siempre lo presente.

Silvana González: Estando en Plataforma Crítica se combinan las fuerzas creativas y la contingencia, por lo que la escritura entra en una función gratamente colectiva. Todo lo que trabajé fue siempre sintiendo que hacíamos algo que estaba aportando a una escena que, si bien ya existía, aquí le hacíamos una ventanita para que pudiera ser vista.

De aquel espíritu de creatividad y contingencia que destaca Silvana surgen prontamente textos como el reportaje «Una hoguera alimentada por libros: el nuevo caso Martínez», el que para ella fue «pandémico e inolvidable», de mi autoría. Es también Silvana la que en un inicio se encargará de las reseñas, posicionando positivamente Mella (Overol, 2019) de Priscilla Cajales y haciendo objeciones a Nosotras, las otras (La Calabaza del Diablo, 2020) de Viviana Ávila Alfaro.

Miyodzi Watanabe:  Sostener ese nivel de productividad y cobertura de los eventos literarios de la región de Valparaíso era una ejercicio no solo estimulante y desafiante para quienes participamos, sino también profundamente necesario para descentralizar el periodismo cultural a nivel nacional que se centra en lo que ocurre principalmente en la capital.

De las palabras de Silvana y Miyodzi —me permito tutear a mis fuentes, pues son colegas— evidenciamos dos frentes que Plataforma pretendió abarcar: descentralización y ojo en la contingencia literaria de la región de Valparaíso. En un momento en que nos hemos quedado sin financiamiento, es importante destacar estas intenciones. Pues, hay que dejar consignado que este año, 15 de los 18 fondos otorgados en la línea de medios fue dirigida a iniciativas que desde Santiago parasitan casi la totalidad de los recursos.

Juana Balcázar: Comencé a escribir en Plataforma estando en otro territorio, y la mayor vía de comunicación fue lo digital. Escribir en este espacio me dio la posibilidad de que, incluso no estando en la región de Valparaíso, pude escribir y conocer el trabajo de artistas, principalmente fotógrafxs. Que, a través de sus fotolibros, guardan una narrativa que está fuertemente arraigada a Valparaíso.

Lo anterior da espacio para sumar al relato de estas experiencias lo que escapa a los textos. Las fotografías de Francisca González y las ilustraciones de Vladimir Morgado deben ser destacadas. Sus trabajos le dieron identidad visual a Plataforma, además de ser un «excelente y hermoso trabajo», me comenta Cristián Le Cerf, de los dibujos de Vladimir. «Aprendí a mirar de manera literal también, porque el reporteo lo íbamos armando con Kika González, y verla sacar fotografías era muy formativo», complementa Rafael Cuevas.

—Sus ilustraciones, cada una acompañando de buena manera los textos en los que aparecieron, siempre dando el ancho con un estilo único

—finaliza Le Cerf.

El equipo no estaba conformado en su mayoría por periodistas con título. Eran los menos. Entre ellos se encuentra Cristián y Tabata Yáñez, la que nos comparte estas palabras:

—Sentí que Plataforma era mi único lugar de contacto más palpable con la literatura, fuera de los libros y escritos que tanteo en la inmadurez, sin saber mucho. Me estimulaba la libertad con la que podía trabajar, el descubrir una publicación, a su autor, la editorial o alguna librería por mi cuenta, desde mi propio y único punto de partida, me permitía llegar a un resultado donde no había trabas y que los lectores podían admitir, rechazar, discutir, difundir o simplemente conocer. Esa era la idea, la audiencia tiene ese poder, que me encanta.

Desde el espacio de los lectores y con el desarrollo de las temporadas de Plataforma —tres en total—, se fueron sumando más colaboradores. En sí, fueron saliendo y entrando varias personas que habían asistido al LET.

—Era una revista que leía y en la que ya quería escribir para cuando Cristóbal Gaete me convidó a participar. Se sentía un poco como una revista vecinal. No era amigo de todas las personas que participaban, pero sí de algunas, y a otras las conocía, o me sonaban de nombre. Se sentía cercana —desde Argentina complementa Rafael Cuevas.

—Lo siento como una convocatoria a la selección chilena (de fútbol), cuando todos se reúnen y se concentran e intentan dar lo mejor para jugar —con esta metáfora pega en el palo Tomás Pérez.

TRABAJOS TERRITORIALES

—Por lo general yo me siento re incómodo en espacios donde hay gente normal; y este no fue la excepción; tuve que vencer los nervios, porque dentro de todo me sentía muy agradecido de la oportunidad. Es una experiencia inolvidable y muy valiosa para mí. En ambientes artísticos lxs trans logran acceder a puestos interesantes, como es mi caso con Plataforma Crítica. Me llamaron todos los meses (un año) en el que fui parte del proyecto, y no era solo por rellenar el famoso cupo laboral (o eso espero). Me sentí muy valorado como escritor —confiesa Radioactivx.

Fue importante, siguiendo las palabras de Radioactivx, el valor que se le dio al trabajo como escritores en Plataforma.

—Fue una buena experiencia. Creo que a todos y todas se nos dio una confianza como escritores que antes no teníamos. Varias personas del proyecto en el transcurso de lo que duró Plataforma sacaron sus propios libros —complementa Jara. Y otros vienen en camino.

Fernanda Meza pudo, por ejemplo, continuar su escritura e investigación sobre Ximena Rivera. Sus textos fueron publicados en Plataforma, para posteriormente conseguir una beca de escritura en los fondos de cultura con su proyecto más desarrollado.

—Pese a lo colectivo, el ejercicio era individual en tanto había que investigar y concientizarse de cada tema. En el camino me metí en muchas lecturas que me aportaron, tanto de mis propios colegas como las mismas referencias que van apareciendo. Todo esto me hizo aumentar mi biblioteca y de paso conocer gente que desconocía, que trabaja en la ciudad y a su vez en literatura. De paso, aprendí que se deben manejar diversos materiales cuando uno participa en un proyecto como este. Quedarse en un puro radio, es como dedicarse solamente a podar plantas. También hay que saber identificarlas, plantar, arar, regar, construir y talar

—botánica, responde Silvana

Silvana González, continuando la cosecha de libros publicados por los redactores de Plataforma, publicó durante este periodo los libros Humedad (Provincianos, 2023) y La pérgola (Aparte, 2023). Anunciando mediante una crónica publicada aquí en Plataforma que está escribiendo otro libro sobre Peñablanca.

—Sabía que podía jugar incluso con los formatos de un texto periodístico como la entrevista, el reportaje, la crónica, pero había otras cosas que fui conociendo sobre la marcha. Reseñar una obra, por ejemplo. ¿Cómo plasmar parte de la esencia de una escritora en una entrevista con preguntas que se sostuvieran lo suficiente para dar a conocer lo que yo consideraba de valor o interesante sobre ella o su obra? Ahí va mi crítica, en cada texto que históricamente han definido en la objetividad, que no existe. No sé si lo habré logrado como quería, pero Plataforma me daba la oportunidad de intentarlo —valora, Tabata.

Revisando el archivo digital de Plataforma —¿qué pasará con ese archivo? Propongo publicar una selección de textos de manera física— encuentro los textos que fuimos escribiendo y la libertad en formas y temas. Los primeros perfiles que escribí —no sabía escribirlos, son imperfectos, luego aprendí— fueron sobre Marcelo Mellado y Arantxa Martínez. También las crónicas deportivas de Cristián, el único experto en deportes del equipo. Su última colaboración fue un perfil sobre Luis Pititore Cabrera, jugador de San Luis. «Rescato esa capacidad que tuvo para extraer la voz tan particular del delantero, lo hizo brillar de nuevo», comenta Pablo sobre ese texto. Destacan la reseña a Vida de Souza (Traza, 2020) de Nina Avellanada, escrita por Silvana, por poner el ojo en una plaquette que luego se convertiría en un libro ejemplar. Aparecen la entrevista de Tabata a Andrea Lagos, ex editora del suplemento Ku de El Mercurio de Valparaíso; Alejandra Montoya —que este año publicará su primer libro por Libros del Cardo—, también entrevistada por Tabata; el reportaje sobre un libro de Teresa Calderón por Rafael; la crónica «TRES, DOS, UNO… ¡SLAM!», por Teodora Inostroza —quien publicó Faramalla (Kindberg, 2023)—, el que es leído por Rafel como «descriptivo como personal, y reflexiona la jerarquía de los espacios literarios. La pregunta es: ¿Valoramos el poema como un artefacto tangible o como un instante intangible?»; el perfil en que Camilo Jorquera saca de la tumba a Víctor Rojas Farías; el perfil sobre Luis Benavente, librero del Ateneo, escrito por Belén Salcedo; la reseña a Común y Silvestre 2 de Delcielo y Günen, escrita por Iván Rivera; Camilo Jorquera destaca mi perfil «Gladys González: la ternura del filo», tirando flores, dice, «clase magistral de cómo elaborar una radiografía desde la admiración, la intromisión personal y el balance justo de los hechos, el discurso y la obra»; a su ritmo Radioactivx destaca un texto propio, la reseña «Criminalmente suyo, Raúl Ruiz», pues, «le demuestro a la gente pelotuda que uno siendo trans y todo, puede escribir de temas diversos y con alto calibre».

Finalmente, Miyodzi destaca mi reportaje «Hogares sobre las cenizas»: Destaco cómo el periodismo cultural se vincula con la contingencia desde un lugar político, pero también sensible y respetuoso. Creo que es un acierto de ese artículo hacer aparecer lo literario, de una manera no forzada y desde la palabra de los propios pobladores.

PALABRAS FINALES

—A través de la revista te dabas cuenta de que el territorio es un montón de gente. Muchos recovecos, voces, e historias. Y bueno, después de la alegría, o junto a ella, estaba el nervio. Porque es cosa sería hacerle preguntas a alguien, y después trabajar con sus respuestas —ilumina Rafael.

A la hora de los recuentos nos queda el aprendizaje. Ya sea para los que escribimos nuestros primeros textos periodísticos, como para aquellos que cargaban con título y experiencia.

—Aprendí a hacer entrevistas, yo no sabía cómo se hacían, y mi primer encargo fue ese, no lo hice muy bien para el criterio de los medios, pero la entrevistada quedó chocha conmigo «las mejores preguntas que me han hecho» me dijo. Fui puliendo mi escritura, además que la bella libertad que nos daba Cristóbal Gaete, una joya que probablemente no encontremos en otra parte —dice Radioactivx.

—El aprendizaje está también en lo colectivo, las reuniones de pauta daban cuenta de la polifonía del medio: diferentes edades, oficios, lecturas en el cuerpo

—detalla Miyodzi.

Pues, en palabras de Cristián existía en Plataforma «una mezcla entre rigurosidad y libertad a la hora de escribir».

—Creo que lo principal que aprendí con Plataforma es la importancia, siempre, de generar espacios y proyectos de comunicación sobre el arte desde una perspectiva crítica. No por el mero hecho de difundir, sino que también de profundizar en los diferentes temas que se tratan y tener una perspectiva editorial y territorial de lo que se quiere hablar como medio —complementa Juana.

Es un aprendizaje «agridulce», continúa Juana, pues pudo evidenciar «los desafíos de mantener un proyecto de esta envergadura», enfrentado al obstáculo del centralismo.

Un poco alejados del centro, los desafíos son otros. Pero también los hay similares a cualquier medio. Como decía anteriormente Miyodzi, un medio como Plataforma agrupa distintas individualidades, pero el trabajo también es colectivo.

—Intentar dejar de lado el egocentrismo en la escritura, o a tratar de restarlo lo más posible. Si bien hay una autoría, al estar motivado a escribir sobre otros y que el objetivo sea promocionar los textos, las personas que lo escribieron o quienes rodean el aparataje del libro en general, mi fin último era siempre estar tras bambalinas empujando a quienes reseñé o entrevisté y que ellxs salgan al escenario, con las luces ya encendidas —Tomás.

Ahí un valor. Restarse del centro para hacer brillar el encargo. Pablo, por ejemplo, luego de trabajar como redactor se encargó de la tarea de corrección de textos. Allí otro aprendizaje.

—Como corrector y de alguna forma «segundo lector», el aprendizaje de pronto tuvo que ver con agudizar un poco el ojo, en el sentido de que el Cristóbal me dio la confianza de editar los textos, siempre igual en la dinámica de ir conversándolo, de pimponear con lo que se escribía, haciendo sugerencias, o comentándonos impresiones. Eso creo que siempre enriquece.

Nos quedamos, ya para finalizar, con una última reflexión que puede funcionar como un pequeño manifiesto de nuestras intenciones al trabajar, aquí, en Plataforma:

—El aprendizaje no termina nunca, pero parafraseando a Diego Armando: Hice lo que pude, no creo que me haya ido tan mal —remata Camilo.

(*) Ilustración de Vladimir Morgado.

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