Digibyte en mano. Deslizo el dedo por el espejo negro. Avatar; aventurero resignado y curioso del tecnofeudalismo; me adentro en los dominios del señor Zuckerberg. @marycerro97 en Instagram. Una fusión de @felipepinohumeres y @mingodiagua, declaran en la bio: «hacemos videos por diversión y para ganarnos la vida».
Por radioactivx
Sumergido en la caída de Alicia, en el eterno rolling on the reels.
City pop. Dragon Ball. Estudios Ghibli. Harto anime. Extractos de noticias. Los famosos virales. Puntos de prensa. Felipe Avello. Películas. 31 minutos. Donkey Kong o el Mario Bros. Collages animados. Stop motion. Y las letras; las voces de la poética nacional y latinoamericana.
Es un universo de videos, propio, que funciona. Parecen tener un sello personal, la combinación de elementos, que oscila entre el charcherío Paint y la genialidad de las IA, dan un resultado sorprendente.
Algunos me gustan por el diálogo entre sus partes; las narraciones junto a la imagen. Otros no; mucha bulla, mucha convulsión. Imagino por qué son tan populares (la no despreciable cifra de 17,2k seguidores). Es que uno es de otros dramas aesthetics; prefiero el webeo hauntológico (todos los Core, sus Backrooms, con Waporwave e Hiperpoesía, arto ciberterror).
Son tribuna para diversos escritores; sin embargo hay varias constantes (como las que salen en las historias destacadas).
Qué paja Bolaño, Teillier y Cortázar («genios», sí, pero repetidos; y me es inevitable asociar sus imágenes a los weones desagradables del fandom literario). A la soa Mistral, la primera lesbiana en un billete, se le tiene que seguir haciendo justicia conmemorativa unos años más; bien ahí.
(¿Y el funeke Neruda? Me gusta cuando callas, porque estás como ausente Pablo).
Nada que decir de don Nicanor, a él me lo pueden repetir mil veces y no me aburre. «Él inventó los memes» dijo la otra. Será un dios encarnado, diluido en la divinidad poética; un pionero, sí, pero no es el memiurgo.
Y pienso, es llamativo eso de que se asocie la obra del señor Parra con los memes; considerando además que estos «videopoemas» de marycerro, perfectamente podrían ser catalogados nanopartícula cultural. Lo son, de hecho.
«Videopoema» queda como nombre siútico.
Recuerdo el fenómeno que experimentó y teorizó (dibujó) The Comic Fome en su momento; cuando los milenials crecen, las leyes salvajes de 4chan y Reddit se desbordaron a rincones impensados de la sociedad, y los cómics se tornaron sólo memes-mucho-texto.
La famosa Plaga Gris de la ciencia ficción, se hace presente en el memescenio. (Para más información véase @revistahiperpoesia).
¿El arte es un meme?, ¿el meme es un arte?
Los recursos en marycerro son ideales para el déficit atencional colectivo. Ya lo dijo Alicia: «¿cómo puedo poner atención si ese libro no tiene dibujos?». Internautas que se introducen en la dimensión de libros empolvados de la repisa, o una actualización de la escritura tradicional adhiriéndose al circuito integrado.
El videopoema será estudiado como una obra manifiesta en un momento dado, un objeto en mediación con el contexto tecnológico de su época. Como el papiro, o el tallado en piedra.
¿Colocar poemas sobre un video lo transforma en un «videopoema»?, ¿un extracto de video es un poema?, ¿qué es un poema?
Y ahí comparten de nuevo a Bolaño (buuu): «En ese sentido para mí la poesía es un acto, es un gesto, más que un acto, de adolescente, del adolescente frágil, inerme, que apuesta lo poco que tiene por algo que no se sabe muy bien qué es, y que generalmente pierde. No sé, no sé realmente qué es poesía».
Marycerro también es propaganda audiovisual; como herramienta pedagógica de masas para la era Tiktokniana. Los eslóganes y los mártires de las izquierdas. Los futuros perdidos. Soy un convencido de que la realidad fue asesinada, por ende estamos medio obligados a deambular en Cyberia (y no se crean, es muy divertido). Estos afiches animados no me producen gran cosa. Nostalgia para nacidos y crecidos en la transición a la democracia, eso sí. Mucha.
Marycerro como un mini aliento en la Guerra del Meme, nadando en la corriente del algoritmo, ese espectro que controla elecciones democráticas y flujos migratorios, en la pesca de arrastre de millones de analfabetos digitales seducidos por el egregor billonario de turno.
La teoría (o la paranoia, juzgue usted) del Internet Muerto, hace pensar las propuestas de supuestos humanos (@felipepinohumeres y @mingodiagua) engordando la bigdata (todes le trabajamos al metaverso chikes), como parte de la última esperanza de Star Wars. Cuando el imperio IAs tengan control total de la cultura, los cavernícolas seguiremos leyendo novelas completas. Mientras tanto, marycerro, cyberpoetas del reciclaje, podrán sumergir en bautismal ritual a les tiktoknianos (portantes virulentos de las postidentidades kuirs del digimundo); testimonio digital de que una vez los libros, cosas a las que se les debía poner más de ocho segundos de atención, existieron.
Acceso a redes sociales no es, necesariamente, acceso a internet. Marycerro librando la batalla simbólica desde su trinchera en Instagram, generando contenido ñoño y de calidad, al alcance de una bolsa prepago de whatsapp y compañía por treinta días gratis.
Si ya matamos al meme (para quienes no se hayan enterado), ¿por qué no «abandonar la literatura»?
Rebalsar el envase original.
Una vez que nos habita el Void, solo queda el retorno a lo sagrado. El videopoema rescata y revive (como zombie, cyborg, o lo que sea) a la añeja y siempre clásica literatura.
Promete permanencia o trascendencia. ¿Lo hace?
Un día alguien (o algo) va a desenchufar la nube. ¿Lo hará?
Señorxs, ¿qué pasará con los párrafos (cortos, largos, eternos) que tanto nos excita construir, a esta raza que osa llamarse escritores?
¿A dónde irá el contenido de cien páginas?
¿Contarán los videopoemas como hyperpoesía de la meta-memética?
Este drama lo codificó un meme: «La poesía y la hyperpoesía es como los Líder y los HiperLider (supermercados): la misma hyper weá».
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