Menú
Reseñas

«Atravesar la ansiedad que da paso a la alegría»: sobre poliamor, apego y traumas

Una bitácora personal de Clementine Morrigan, colona blanca de ascendencia irlandesa, escocesa e inglesa que vive en Canadá. Escritos armados de su autoconocimiento en relación con otres durante ocho años y un retazo de mi camino al lado de Amor sin emergencia. Este es lo que deseo, pero siento que me voy a morir (Nihil Obstat).

Por Tomás Pérez      

Estoy soltero, otra vez. Repito un patrón casi cada vez que me relaciono con alguien sexo-afectivamente: me agobio cuando entro en la intimidad y choco con emociones que no sé digerir ni conversar. Son contados los casos en que voy deshaciendo esas barreras con otras personas, a ratos me cuesta mantener el contacto visual, llorar, decir un chiste que se me ocurra.

La relación que terminé este verano la terminé casi como la del verano anterior. La diferencia es que ahora reconocí emociones similares en ambos cierres. Me vi frustrado y recurrí a investigar sobre apego evitativo; como estudié psicología y una de mis mayores defensas es intelectualizar todo, en la teoría del apego empiezo a reflejarme. Ahí está, por eso es.

En esa búsqueda decido volver a Amor sin emergencia. Esto es lo que deseo, pero siento que me voy a morir (2023) de Clementine Morrigan, un libro que nació como un fanzine, luego como dos fanzines, y que antes, en un comienzo, eran publicaciones en un blog. Un libro rosado entero, con una ilustración sutil en el fondo, hecho en Quilpué, por la editorial Nihil Obstat.

A través de su instagram se pueden seguir las novedades de la autora: @celementinemorrigan.

Encuentros con el libro rosado

Ya la presentación es hermosa: una diagramación muy cuidada y unas ilustraciones límpidas, precisas; el tamaño de letra adecuado, entendible; un trabajo que deja ver su dedicación en los detalles.

Una pequeña advertencia en el inicio solicita lo que justamente no haré para escribir esto:

«Los siguientes escritos tratan sobre una serie de temas que pueden ser detonantes, molestos o perturbadores, difíciles e intensos de leer. Algunos de estos incluyen: trauma, abuso sexual infantil, violencia de pareja, y violencia física, sexual y emocional.

Por favor, tómate tu tiempo».

O tal vez ese tiempo sea indefinido y empiece una vez termine el libro. Tal vez ese «tómate tu tiempo» sean meses o años. Lo que tiene de concreto esa advertencia es lo profundamente voraz, lo realmente sincera que se nos presenta Clementine en sus textos.

Con una introducción descarnada en sinceridad da el pie al camino que solo a tientas he querido recorrer: probar una relación poliamorosa (hasta esa palabra me suena abierta, disruptiva; disfruto palparla y hacer meollo en el lenguaje). Así mismo, da espacio a entender las relaciones tal cual son, y no como un medio para llegar a un fin. Un «amor platónico» con el que constantemente ella se relaciona, es eso, no algo trabado o en ascuas.

Sobre el poliamor, no diría que este pasa a segundo plano, sino que se visualiza como una forma más de relacionarse. En este caso, la escogida por la autora: el poliamor funciona en ella porque así su compañere logra cubrir necesidades a través de otros vínculos (entre muchos otros motivos), algo que ella por sí sola no podría hacer. Lo asimilo a cuando me volví vegetariano por motivos de salud (intentar comer más sano) y no solo por el maltrato animal. Una decisión distinta, menos sensacionalista.

«¿Qué pasaría si admitiéramos que aprender a amar y ser amado no es fácil y que sin embargo puede hacerse? ¿Qué pasaría si desarraigamos las tácticas de avergonzamiento de nuestro escribir y pensar sobre el amor radical, anticapitalista, queer?».

La traducción escribe con las «e» del lenguaje inclusivo, que incomoda y fuerza tanto ahí como en otras categorías cómo es que me explico el mundo. Es una traducción de lo más arriesgada. Afianza el lenguaje a sinónimos en castellano y hace de la lectura algo genuino, rápido y atrevido, tal como buscara Clementine con sus neologismos. Es una escritura mordaz y punzante, que mantiene el espíritu del blog.

Apego seguro e intentarlo poli

Dos veces propuse tener una relación poliamorosa en mi vida. Una fue a una compañera de psicología, en donde hablamos sobre si se pudiera desarrollar apego seguro en un vínculo así. Ella aseguraba que no; yo dudaba. Clementine da la señal de que tras largos años ha podido construir uno con su compañere, sin obviar obstáculos ni habiendo evitado el camino denso.

 Y, en verdad, también mis mayores dudas sobre si llevar una relación poliamorosa es si podría aguantar la ansiedad, los celos, la angustia que podría conllevar. ¿Y acaso las relaciones monógamas no están también cargadas de todas esas emociones, y también algunas amistades? Clementine da luz a una esperanza, que es construir una relación sólida, segura, sincera.

«Lo sabemos todo sobre peligro. Sabemos todo sobre luchar para que se reconozcan como legítimas las formas en que amamos. (…) Pero no tenemos mucho espacio para hablar sobre la asombrosa belleza de aprender a sentirse a salvo. No tenemos muchos modelos de las posibilidades del amor profundo y seguro, con el sistema nervioso regulado, a largo plazo».

En este camino evitativo-ansioso, me doy cuenta de que el cariño seguro que me han entregado vínculos han sido el mayor camino del autoconocimiento: ser visto por otres me ha hecho verme. Ha sido una base para deambular en el mundo. Aunque para ello ha sido necesario un aprendizaje compasivo acorde a cómo me siento, respetuoso con el proceso, y para nada fácil.

Horas después de un término

Se me ha hecho complejo, aunque he intentado, explicarle a mis amigues lo que este libro ha provocado en mí. Si bien fui yo quien volvió a él, siento que logramos una simbiosis única: es el formato que quería leer, es el contenido al que todas mis relaciones me han llevado sin saber. Lo veo como un talismán actual sobre cómo quiero ampliar mi forma de vincularme. Y me ha abierto la guata, diría, esa guata tensa de pura ansiedad que aprieta y aprieta en un cuerpo que vive tenso.

He descubierto en la lectura que las heridas de apego son variadas en mí y que, si bien a veces puedo evitar las emociones del conflicto, otras tantas me causan ansiedad. Clementine usa una variada gama de términos psicológicos que van de la mano con su proceso de autoconocimiento: terapia, relaciones sexoafectivas o lecturas que casualmente siento calcadas a cómo me relaciono yo.

Al momento de terminar el libro, soy otra persona: la lectura llega en mí acaso como una pasta que empalma una grieta. En ese espacio estaba estos días, escuchando sobre apego evitativo, reconociendo cómo evado escalar intensamente de intimidad con algún vínculo, o más, con mis emociones en general. Me agarro de ese hilo que sobresale en el ovillo para comenzar un camino en donde reconozco mi estilo de apego. Me abro a sentir lo que despierta vincularme con otras personas.     

Escribo esto desde la ansiedad, un sentimiento al que poco espacio le doy. Tomé café y eso me activa aún más. Hoy conocí a una persona con la que congeniamos mucho, entre miradas e intereses sonrío al escribir esto–, nos llevamos muy bien, aunque al distanciarnos, al volver a mi casa, espero escucharla, verla, intensificar la charla que tuvimos.

Siento ganas de empezar un proceso terapéutico, de compartir este libro a amigues (antes de terminar ya lo había reservado para prestar a cuatro personas, ahora son cinco) y hasta de comprar otro ejemplar para conservarlo a mi lado, como un acompañante.

(*) Retrato cedido por la editorial.

Sin comentarios

    Leave a Reply