Entre las consagradas y las #condenadasalunder. Sin duda un hito en la historia porteña, en la memoria maricona y en el registro del conspirar puteril.
Por radioactivx
Segundo semestre del año dos mil veinte. Mitchelle Clementi nos convocó a una reunión en mi casa. Quería comunicarnos una visión: mientras la gente estuviera degustando las delicias de los variados menús veganos, «dignos platos» de la olla común, la gente debía tener un espectáculo; así entregaría una doble alimentación: orgánica y cultural. Para eso nos necesitaba, mano de obra y circo pobre. Todo esto en medio de un encierro masivo, restricciones de circulación, que tenía a una gran cantidad de putas, artistas y/o maricones en crítico pasar.
Quizá la Mitchelle cuajó la idea, como señorona puta antigua; nacida y criada en Playa Ancha, desde donde conoció el rumor de los burdeles de Valparaíso. Ahí colindaban corporalidades símiles a las que decantaron en el Sitio Eriazo, acudiendo al llamado del Ollón de las Putas; una ficción que la vieja inventó cuando le dio la weá con la maricada de la mítica Putiolla, germen inicial de un sin número de encuentros y multiversos.
Manos artistas y no tanto se unieron al conjunto, en alianza con las Indetectables, y gente de la misma Putiolla; ahora con la vieja Clementi, aspirante a cabrona (como varias que conozco), haciéndolas de maestra de cocina, cacareando sobre un presunto linaje italiano con recetas heredadas de su abuela.

La varieté eterna. Semana tras semana. Después se sumaría la Mounstriolla, expandiendo el fenómeno a tres días de olla común, mariconeo y escándala. Los vecinos estaban chatos. Fiestas del té desobedientes (las barsúas le decían tecito al contrabando de fanshop, desafiando la ley seca); una simulación de cabaret, a cielo abierto. Con parrilla programática o «micrófona abierta». Locura descontrolada, en ocasiones destructiva. Digámoslo. Pero, ¿qué esperaban con tanta bruja del caos pululando junta?, ¿tanta travesti terrible, maricón loco, callejera de la esquina?, siendo estimulados por espectáculos de diversas calidades, y por supuesto, la clandestina reunión.
Los números sucedían uno tras otro. Variadas disciplinas (música, bailes, freak show, circo, performance, etc.). Y por supuesto, había «poesía». Es que en este país, o todas se creen poetas, o todas lo son.
Y ahí estaban quienes se paraban con el celular, las libretas, o las hojas impresas tamaño carta, oscilando entre el patetismo (no falta la prima que cree que escribir es cualquier weá) y lo brillante que sale de los sitios no oficiales de la cultura. Entre medio de un montón de exhibiciones más adecuadas para el déficit atencional colectivo que se tiene en estos tiempos.
Por ejemplo, salir después de la Paris Arabel haciendo un medio círculo de fuego en el piso al ritmo de Like a prayer, o la Javi Electra vozarrón: «voy a recordar tu nombreee…» y cumbia hipnótica, parece no ser fácil. Pero si venía Mar del Kaoz gritando versos alucinantes a viva voz, mientras se amordazaba sufriente con una panti, o la Cielo Nuar tirando vino al piso, conjurando con sus magias, mantenía la atención del público; quienes eran una mezcla de necesidad alimenticia, curiosidad política y morbos de clase (ni te cuento el desfile de universitariEs –jjj– que querían hacer su tesis y allá se iban a meter).
Los shows fueron caldo de cultivo de artistas primerizos, que se codeaban con las más famosas. Sin ir más lejos, yo fui uno de los rostros revelación: radioactivx (antihéroe, o bien, el supervillano más penca de esta, la Ciudad Gótica).

Una tarde, cerca de los días iniciales del proyecto del Ollón, nos curamos con la Mitchelle y la Sofia Devenir. Les conté que tenía un blog. Leí algo, y quedaron fascinadas; insistieron en que presentara mi obra. Pesqué los textos más panfletarios que tenía hasta entonces. Hay cosas en las que ya no creo. Estaba nervioso, y resultó medio como el pico. A la gente le encantó. Aún no me decidía a tomar hormonas, aún no decidía decirme «escritor». «El poeta», me bautizaron las cabras de la cocina. Algunos de los textos que leí ese día son una vergüenza, pero es lindo mirar en retrospectiva, y que a pesar de no tener una formación académica (hoy llevo el LET en mi corazón, pero esa es otra historia), escribía de manera bien interesante. Salía bonito. Y chistoso.
Al igual que otres escritores que asistían, me mantuve generando texto, inspirado en contar con un escenario fijo, y un puñado ínfimo de seguidores que me aplaudían las pesadeces (algunos se convertirían en mis amigues). Pulí un estilo ácido para que se me quitara la rabiosa depresión de los futuros perdidos (no sé si funcionó), inundado además en la idea del rescate de la memoria.
Esa era una conversación constante que se daba almuerzo tras almuerzo. «Es importante rescatar la memoria de las monstruas y que la escribamos nosotres».
Así como ese rollo de la «filosofía travesti»; ahora que las rarezas generan tanto texto ¿por qué no pensamiento? Pero como no saben de formas, se entremezcla: la lírica, la agitación política, «azúcar, flores y muchos colores»: puf, una serie de escritos de la carne, no «a la altura» de los escritores doctoszZz, pero sin duda atrayente, incluso profundo.

Estuve unos meses en esa; moviendo los equipos, aprendiendo de todos los oficios showceros, montando los escenarios, los conversatorios, lanzamientos, convocando artistas. Después de eso peleamos con la vieja, porque era «la gran tirana».
Al tiempo mutó el panorama, casi todes desertaron y las demás ollas desaparecieron. El nuevo grupo se trasladó a la extinta Tanguería, inaugurando definitivamente el sueño de la Mitchelle: «El cabaret Clementi». El webeo finalmente continuó en la Ex Cárcel, donde se encuentra actualmente en una suerte de comedor popular.

La última vez que la vieja me escuchó leer fue para el aniversario en dos mil veintiuno. «Que lindo le sale; deberías volver a leer acá». No volví. En marzo del año siguiente, ella murió.
Yo soy de los pocos que llevaba narrativa al espacio, pero fue/es lindo codearse con otres escritores del under, maricas, pobres o cagaos de la cabeza, como uno. Poesías, poesías. Había de todo. La Kala Gris, con putos textos y canciones. Daniela Arenas. La Cabra del Cerro. ¿No y la Eli Neira?, con su «compañeras punitivas…». Limuria Lía de tímidos versos del norte. La Pipa de anfitriona leyendo a Susy Shock o al Ioshua. La Mistress Noelia citando poemas. La presentación de Andrógina de Gemma Ríos, de la Agenda Küir. Y tantas otras cosas que se escapan a la documentación y el recuerdo.
(*) Fotografías de Kika Francisca González.
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