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Perfiles

Carolina Lorca: dehiscente y eremita por consecuencia natural (parte I)

Un misterio de la poesía regional es resuelto, en lo posible, por nuestra nueva redactora.

«Cuando cambió el ritmo de los astros, cambió el ancla por la azada

Y al abrir la tierra con sus fuerzas sintió en sí cómo germinaba:

Supo también entonces que la cosecha sería buena».

«El regreso» – Presentimiento del Poeta

Por Laura Flores Moraga

En una casa que parece bosque cercada por tunas y pastizales, fue septiembre y no bandera de Chile flameaba a la vista. Al estar inserta en un barrio antiguo es una declaración de principios no hacer alarde de esta mordaza. Lo que se distingue desde la calle es el techo-lucernario que apenas sobresale por encima de la copa de los árboles, el mismo que ─enmarcado en un óvalo y con una paloma posada sobre su punta─ utilizaría como sello de sus portadas Ediciones El Retiro, colección de poesía al cuidado de Carolina Merino, alero bajo el cual se publicarían esos poemas de Elvira Hernández, por fin en Chile en el 2003.

Acaso buscando sanar la cuna, constelarla y como una manera de repartirse entre sí misma las tareas de su quehacer es que coexisten dos Carolinas, la Lorca; poeta, y la Merino; editora. La primera se configura como una identidad creadora que, despojada de su raíz, se trasplanta en otra tierra y escribe.

La segunda obedece a la idea de volver al origen y se hace cargo trabajando en pos de un otro, aquí oficia de curadora y traductora, acá repara, difunde. El botón de muestra de esta labor sería la transcripción al castellano de Los himnos de Hölderlin. «Germania» y «El Rin» de Martin Heidegger publicada el 2010 por Biblos en Buenos Aires, en la portada y bajo el título aparece completo su nombre de nacimiento:  Ana Carolina Merino Riofrío.

Ser la hija de es una causalidad de infancia y temprana juventud, pero una decisión a tomar para cuando ya se tiene consciencia autopoiética. Ana Carolina (1954) al fin y al cabo buscó formar su propio nombre, decidió su propio linaje; acuñando a la teoría como padre y como única madre a la naturaleza.A la edad de veinte años ya se codeaba con personajes de renombre del mundillo artístico local, estudiaba filosofía y renegaba de los pensamientos pechoños de su familia. Ocurrió el Golpe y la grieta le llegó a los pies. Tres años después fue enviada a España; vivir en Pamplona y estudiar literatura fue una buena experiencia en general, pero nunca se sintió en su patria. De su destierro intenta volver en repetidas ocasiones hasta que lo logra, pero tal como Hiperión ─el eremita en Grecia─ en su afán por retornar armónicamente a la tierra natal, dimensiona que ahora es otra, nota la devastación del nido, entonces comprendería que ya es hora de cortar el cordón que la pende del mástil.  

El silencio quilpueíno acoge la labor de Carolina Lorca.

Mientras retomaba los estudios de pedagogía en la PUCV, tres textos de su compilado clandestino en tono rebelde y visceral Declaración pontificia y otros poemas (1978) figuraban en la Antología de la Nueva Poesía Femenina Chilena (1985, Editorial La Noria) curada por Juan Villegas, compartiendo ─sin saberlo sino hasta ahora─ páginas con escritoras y artistas de la resistencia como por ejemplo Carmen Berenguer, Cecilia Vicuña, Rosabetty Muñoz, Leonora Vicuña y Elvira Hernández. Aquí, en la página 113 se imprime la siguiente «Escena Matinal»:

Tu rostro petrificado sobre el escusado,

tu cara de muerto sobre el escusado.

Tus ojos de agua bailando sobre la tina,

tus ojos ágata nadando en la tina.

Tu pierna flota a la deriva,

tu pierna se va por el desagüe.

Tu mano me hace señas desde el fondo,

tus dedos pidiendo socorro.

Tus dientes firmes en formación diciendo adiós,

tu dentadura abierta saludando un adiós.

Tu bigote entero se esparce por tu rostro,

tu bigote se desparrama por tu cara.

Todo tu pelo se libera de tu cuerpo.

Quizás la idea de la alienación tendría lógica los años en que estuvo afuera por voluntad ajena. Quizás la pérdida de control del propio ser permeara hacia los sentidos, como se deja de manifiesto en su segundo libro Ciegos (1999, Ediciones Altazor):

«Hasta que no se sienta a la mesa y palpa sus bordes

todo ciego está muerto. Tan excitado antes

por la vida, tan sobrepasado ahora.

*

La luz es lo que se escucha en los árboles, el camino.

En ello, nadie escucha tanto, sólo quien espera. Siempre

lo demás es otra cosa, no hay búsqueda con las palabras.

*

Los humos consumidos por la llama, los vecinos

aterrados bajo sus techos, los perros conteniendo el aliento

en el aullido».

Durante el desarrollo de su formación literaria conoce la obra de Kafka, cuya presencia seguiría infiriéndose en su poesía venidera. En Trilogía de los Presentimientos (2001, Ediciones El Retiro) me encuentro con varias referencias al nombre y trabajo del autor centroeuropeo: «K.», «Los tres deseos de K.», «El Eterno Retorno» y ¿por qué no? «Autorretrato». En este último, que en realidad es el primero del tercer tomo, aparece una captura de diccionario en donde se enumeran una serie de delitos, lista en la que se superpone una ilustración figurativa de un elemento vegetal tipo vaina madura cuya estructura se abre mostrando sus semillas, en su bajada dicta «Fruto Dehiscente». Así como a Josef K. en El Proceso se le imputan crímenes que no ha cometido, a la poeta en su publicación se le acusa de traición, desobediencia y desacato contra las autoridades del Estado y de la religión, de violación de sepulturas, de falsificaciones, ocultaciones y calumnias, de usurpación, de detenciones ilegales, de escándalo público. Sea como sea la interpretación de los hechos, ella se desprende, se desliga, se aparta. 

Hoy resultan inhallables ediciones.

Vuelvo al libro que llega a mis manos de manera casual y sorpresiva, del que se reconoce a primera impresión un oficio impecable. El objeto evoca a un expediente de archivo: una caja color beige contenedora de tres tomos, cada cuadernillo en tres tonalidades distintas (hueso, arena, café) enumeradas por una, dos y tres estrellas en su respectivo lomo. De cada volumen se puede armar un cuadro de clasificación desglosado en sección, serie, subserie y unidad documental/poema. Inevitablemente hago el cruce de esta trilogía con la triada conservadora y entonces Dios sería el Presentimiento del Poeta ★ ★ ★, porque como dice su alma mater Friedrich Hölderlin «El hombre es un dios cuando sueña…» o que los dioses han huido, y entonces ella misma huye, se retrae, se aleja, peregrina. La Patria; el Presentimiento de Chile ★ ★, el origen inevitable, a lo que se retorna cuando se busca lo natural, la sociedad, el habla, la montaña, el invierno. Y Familia; el Presentimiento del Mundo ★, reconocer los sentidos, los elementos, los comportamientos, la insistencia en comprender y aun así, sentirse solo.  Probablemente nada tenga que ver un asunto con el otro, lo cierto es que el concepto de presentimiento lo recoge de Heidegger, así también la partición en tercios para organizar sus escritos.

En el primer tomo sobre el mundo, la tierra es el mundo. «¿Qué es la tierra?» se cuestiona al mismo tiempo en que camina o se tiende sobre ella y en su «Génesis» pregona:

«No es tanto el lodo, cuanto más calor

tierra húmeda, más calor: tierra fértil

por la suma de los elementos

sino más de

el sol que las llama

y las encumbra, que emergen

y plagan la tierra

estas hierbas malas».

Siento que describe esa tierra acaso su paisaje actual. En su retiro no pretende detener el tiempo, el vínculo con la naturaleza consiste en dejarla ser; no poda su jardín, no quitan la maleza. Habita hace cuarenta años en una cuadra de casas quinta parceladas, en una calle de viviendas de tejuelas poco a poco venidas abajo y convertidas en una suerte de post modernismo mediterráneo que reemplaza a la roca de cantera por la piedra pizarra.

Lo sé porque somos vecinas pero no la conozco, creo haberla visto caminando en sentido contrario bajo el soleado cielo quilpueíno, reconociendo su melena lisa y cana en este barrio centenario. Su rostro se esconde como su casa, como su presencia ante la intención actual de una fotografía.

«Con los años, con tanto error

comenzó a fruncir el entrecejo buscando la forma de decirlo:

El surco vertical en la frente es la huella del paso de la oruga»

«Desarrollo, Vía de escape» Presentimiento del Poeta.

(*) Fotografías de Kika Francisca González.

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