Diego Armijo
Libros del Cardo
50 páginas
Sobre el autor
Diego Armijo nació en Viña del Mar en 1994. Se gana la vida vendiendo libros. En 2020 fue mención honrosa en novela del Premio a la Creación Joven Roberto Bolaño. Becario del Fondo del Libro en 2019 y 2021. Poemas suyos han sido publicados en la antología de poesía nueva Maraña (Alquimia) y en la revista Hueso Húmero de Perú. Fue antologado también en Veinte años es todo, selección de los textos publicados por nuestros talleres literarios, de los que fue parte en 2014, 2017 y 2018, en la primera versión del Laboratorio de Escritura Territorial. Publicó los libros Glorias Navales (editado por nuestra institución en 2019) y Carcasa (La Calabaza del Diablo, 2019). Escribe también en esta web. Ropa es su tercer libro y será presentado hoy a las 18 horas en nuestra sede, por Hugo Herrera Pardo y Teodora Inostroza.
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INDUMENTARIA
más libre usó, ya en su nueva pega, aunque aún manteniendo inestabilidad, el día a día, vender en carro de súper, cuyo origen nadie quería ir rastreando, siempre es continuar la ruta del lugar de compras infladas, sacarlo, tener un buen, el mejor, transporte para el comercio. Luis así recorriendo toda, la misma feria, ya despegado del me van a ver, se suelta a andar y grita más de lo que nunca ha cantado. Aquí no hay comisión, solo un fijo por día, más alto de cuando la ropa, mejor, pero parejo, así y todo descarga, estridente, su ofrecer a todo quien escuche sus ruedas chirriantes.
hilacha. galletas se venden y están contadas aun así logra comer algo sin pagar
Así, pudo ver los orígenes de la ropa de los puestos, sus maneras de regateo, en modo sapo él, voces que dibujaban el mapa de picadas, en Santiago, viaje, en Valpo, cerca, en Viña, aquí mismo, asumiendo que el otro cachaba calles y direcciones y puntos de despiste, para traerse, al fin, sacos de la americana, usada, o como se floree. Enterándose que no es así todo, ya supo él de la solidaridad popular, gente que descarga lo que alborota sus viviendas y lo da a alguien, un poco, más pobre de destino, cruzada ahí, valor de ropa como ofrenda, una producción industrial de hermanos de fe que con estos dones, intentan, toda vez, aunque con cara iluminada, atraer ovejas a sus edificios de aleluya, o simplemente como liberación de espacio habitacional, falso compromiso. Vio a mujeres vestidas a la usanza de una clase social excluyente, pelos alisados, cuidados, ropa de tiendas inalcanzables para el presupuesto común, ofrecer en mochilas, esa ropa, de la que se debían desprender, algún quiebre económico hubo; a las señoras con puestos y miradas con desvalor, doña Mercedes, doña María, doña Ruth, doña Charo, quienes compraban al montón, barato; retirándose con sus carteras, salvando. Oyó a flacuchentos de marca sacar, mochilas infladas, cierres trancándose, ofreciendo sus rescates del mall, con rapidez de ir liquidando y a la próxima.
hilacha. doña Mercedes vende uniformes escolares y se queda dormida esperando
En situadas detenciones pudo, al fin, como nunca lo hizo trabajando rodeado de ropa, o limitado de bolsillo, mirar, ir descorriendo chaquetas y camisas, desparramando pantalones y poleras en montones, ir tanteando zapatillas alternativas en pila, junto a sus cajas originales, distraerse al pensar pintas, mostrarse a Rocío.
hilacha. ella miraba su ropa de una manera que él sabía nunca le diría qué
Tocó prendas suaves, rugosas por falta de lavado, salpicadas de pintura, cloro, pasta de zapato, teñidas, al ojo cortadas, desgastadas por uso o temporada, cosidas intuitivamente, a máquina, industrial, esclavista, a lo rápido, descoloridas, brillantes, opacas, transparentes, gruesas, delgaduchas, corporativas, de trabajo, varias labores, primera capa, segunda capa, uniformes, disfraces infantiles, sexuales, nuevas, usadas, en bolsas plásticas, de guagua, viejos, hippies, góticos, metaleros, estampadas, con frases, logos, símbolos, a veces de bandas, de marca, original y de las baratas parecidas, mejor calidad a veces, con elásticos vencidos, abrigadoras, cortavientos, imposibles de combinar, para emperifollarse, elegantes, de ocasión, deportivas, militares, internacionales, espaciales, pasadas y vueltas a la moda, coloridas, oscurecidas, de vitrina y cuneta, en serie y prenda única, interior, para la lluvia, del Everton, eh!, holgada, apretada, chica y grande, apolillada, roída, de cama, para muebles, muñecas, para baño, de playa, para lavar, solo a mano, en seco, agua fría, con temperatura máxima, para planchar o no, etiqueta mandona, y doblar, olor frutal, a polvo, humedad, eucaliptus, a rayas, puntos, con pelusas, capuchón, basta, floreadas, estampado animal, con plumas, de cuero, cuerina, costumbrista, mapuche, diaguita, sin mangas, con cuello, cierres, botones, broches, manchadas con desodorante, para perros, gatos, hurones, con chiporro, velcro, manchadas de dolor, emblemas nacionales, hilachentas, porosas, de pijama, para abrigar, cubrir, hermosear, para troncos, manos, pies, cuellos, piernas, cabezas, para el niño, la dama y el caballero.
una correa que no se quiere desechar, ya bien magullada, hoyos hacia el engorde y vacas flacas, por clavos de distintos tamaños hechos, herencia de un tío, víctima de la ausencia de abrigo una noche helada pilcha
ETIQUETA/ En la ropa había hecho buenas migas con una casera que le hizo el contacto, prima del dueño de la mercadería, para vender en carro de supermercado, recorriendo la feria, galletas y demás productos que no se repitieran con los otros. Rocío estaba muy feliz y su tía se remitió a no seguir tirándole pesadeces. Pudo recorrer la feria de una manera que nunca había podido. Caminando, empujando el carro, apoyándose en él para descansar, ofrecía su mercadería, gritaba con ganas dulces. Frente a su puesto anterior, sin mirar, pasaba rápido. Uno de sus compañeros lo vio. Ferias más adelante, le compraría cajas de cereal. Le contaría que todos estaban medio chatos de la señora. Que querían cobrárselas.

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