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Crónicas

De mis lecturas y otros demonios

¿Cómo vive una madre la poesía? Todavía es un desafío, parece decirnos la crónica de nuestra redactora.

Por Catalina de los Ríos

Hace poco más de un mes atrás, me contactaron los cabros de @Kontranatura para invitarme a una lectura poética en Valpo. Yo, que en mis tiempos mozos solía leer con frecuencia, y que hace un año no lo hacía, me entusiasmé demasiado con la propuesta.

–Presencialidad, vinacho y poetry –sentenciaron.

Me figuré de pelo suelto, piernas firmes y voz bien colocada, conjurando en un regio vestido negro al más puro estilo Cata de los Rivers, pero el famoso evento era de noche y, además, no coincidía con mis «días libres». Tapita pa’ mí: soy doble mamá soltera y la hueá no es tan fácil como llegar y ponerle. Hay que realizar todo un trabajo de ingeniería para alcanzar cometidos simples como salir de casa. Joyería fina, que le llaman.

Tener que transar mis actividades favoritas (tomar y contar mentiras) por el sólo hecho de ser mamá me pone mal. Como si fueran pocas las patadas del sistema. Rumio la impotencia mientras pienso con odio en esta injusta dinámica. No existe nada más vil para una vil Leo como yo que tener que quedarse encerrada y con las ganas: como sea, me las arreglo para ir.

Maquino. Alguien que me quiera mucho debería apiadarse. Repaso mentalmente quién calza con este casting, pero ese alguien no existe, y ese otro alguien simplemente no se apiada. Es más, ya ni el universo lo hizo: me contagié de Omicron y, aunque por un breve instante pienso ocultarlo con ánimo de figurar, desisto.

*

Comienza marzo y arrastra una presión gigante. Es sabido que, siendo mujer, en la vida tenís que estar preparada para hacerlas todas, pero en marzo, amiga, la-ca-gó. Tenís que ser + poderosa, + valiente, + real, + linda, libre y loca que todo el resto del año. (Ah, y tenís que compartirlo por rrss, obvio.)

No sé si en el último tiempo la ola morada se fue a la chucha o me mandó a la chucha a mí, pero algo pasa. Observo a mi alrededor. Eslogans de superwomans que te llevan al límite de tus capacidades, el mercadeo –como muchos– dándonos como caja mientras promete felicidad y lo más heavy…, literal, ninguna se salva.

Primero de marzo. Se acabó el verano sin ponerme el puto colaless empoderado que me había propuesto usar en pos de un bronceado fascinante. No fui ni a la esquina con lxs niñxs, porque o trabajai o críai; sigo igual de blanca que en agosto y tengo un millón de hueás domésticas por hacer, pero no. Estoy pensando en la marcha.

No sé si a las demás les pasará, pero a mí me viene una ansiedad terrible. Quedan siete días pa’l 8M y algo hay que hacer; si no, ¿pa qué naciste?

Miro mi agenda de mamá –esos tiempos estrechísimos– y obvio que nada calza.

–Hueona, tú podí–me digo.

Sigo en la rutina –lo más abstraída de la realidad que puedo, en un intento por ser feliz–, pero me visitan intrusos pensamientos. Caravanas de mamás, con las colaciones listas y todo impecablemente bajo control, que se acercan sonriendo mientras yo, con careperro, marco un sinfín de útiles escolares pensando en un gin tonic. Ellas gritan: ¡¡F ú g a t e, C a t a l i n a, s a l  d e  a h í!! ¡¡Escapa YA a respirar  tu  propio aire!!

Me asalta una especie de vértigo malsano. Les niñes llevan dos años en casa full-time. Lo único que quiero es que vayan al jardín por jornadas completas para finalmente estar en silencio y poder pensar en nada. ¡A jugar niños! ¡¡A jugar!!OMG, ¿qué clase de bestia soy? Mis compañeras no pueden enterarse de esto nunca.

Suena el teléfono. Número desconocido. Jamás contesto números desconocidos, pero este me tincó. Qué saben de intuición: van a realizar el Iº Festival Feminista de Viña del Mary la Coordinadora 8M está buscando artistas para apañar la causa. Es mi oportunidad para hacer algo. Será de día, muy ambiente kid lovers. Imposible zafar. Acepto con un sí rotundo. Acto seguido, la boca de mi estómago se vuelve ácida… ¿Por qué me meto en hueás?

Durante la semana busco todo tipo de excusas para no asistir. Que hace mucho calor. Que Viña está lleno de fachos. Que quién va a ir a escuchar una lectura un domingo a pleno día. Que no he actualizado mi material. Que ya no me identifica… Lo que sea. No invito a nadie. Estoy en la mansa B. Voy al mar y me tiro un piquero pa’ espantar a los brujos.

Siempre hecha mierda –y simulando estar espléndida–, llego al lugar acordado, la entrada de la Quinta. Un par de compañeras canta en el escenario y yo, ahí, apaño, tarareando muy tranqui hasta que…: Después de ellas te toca a ti, Cata.

Llegó el momento, muchacha. No hay salida. Tomo una bocanada de aire, mis papeles rayados y, ahora que sólo resta dar pecho a las balas de frente a los presentes, no esperarán que de esta boquitasurjan flores, ¿cierto?

*

Las lecturas que más me gustan son cuando cae el sol. Los grandes escenarios matan la magia. Prefiero instalarme de frente a esos rostros de ojos brillantes que escuchan con atención. Estar tan cerca que puedan sentir mi nerviosismo. Los únicos que aprecian y asisten a las lecturas son los que escriben. Es por esto que, cuando @SergioGuerra me extiende una invitación al encuentro del Arco Británico, no dudo en integrarme. Seremos puras minas. Porque es marzo, supongo. Silvi Gonzalez, Feña Meza, Vianka Ceverino y quien relata. Todas más lindas, secas o jóvenes que yo. Intento alejar estos pensamientos culiaos para no arruinar la auténtica felicidad que me provoca estar entre ellas. Las observo con detención. Somos todas distintas, me encanta. También noto que estamos todas nerviosas, pero de eso nos encargamos rápidamente yendo a comprar chela y Araucano pa’ anestesiar.

–¿Cómo quieren que las presentemos?

–Como las Spice Girls –respondo.

–¡Como las Euphoria del puerto! –se escucha con risas de fondo.

El caregallo está pegando con todo. El contexto de la invitación es la inauguración de una regia cafetería. Hay caleta de gente en las estupendas mesitas, pero les poets son una comunidad aparte, están firmes junto al pueblo, en el pasto, empinando el codo. Las lecturas que más me gustan son cuando cae el sol, pero ver y oír a este ramillete conjurando a pleno día me hace pensarlo dos veces antes de volver a sentenciarlo.  SALUD.

(*) Ilustración de Vladimir Morgado.

1 comentario

  • Constanza Mansilla
    Abril 14, 2022 at 1:33 pm

    Me encantó, me conmociona esa manera de escribir tan honesta y libre de prejuicios literales, me siento reflejada y agradecida de leerla, por hacer visible nuestros tropiezos y esa fuerza de mujer que nos impulsa a romper barreras, me rio y lloro por dentro. Agridulce y tragi-cómico. I love Catalina de los Ríos.

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