La iniciadora de la literatura de Valparaíso vivió tantas vidas como tuvo apellidos.
A rose is a rose is a rose is a rose
Gertrude Stein
María Dundas.
Algún lugar en el mar: 1817.
Salâm. Cetori
Esme man sârâst? Esme to cie?
Una jovencita de veintitrés años conjuga verbos en persa en el barco. Intentará también enseñar a algunos marineros a leer y escribir. Atrevida.
Se dirige a la India. Atrás quedaron los días donde al mundo lo sostenían tortugas en los extremos de los mapas y monstruos marinos poblaban las cartillas. ¿El mundo se había vuelto pequeño o era demasiado grande su curiosidad? La rodea un azul inmenso. Pareciera que la extensión de la tierra que creció gracias a los sextantes, las estrellas o la British East India Company’s. María Dundas siente que el mundo tiene el tamaño de sus ambiciones y usa el apellido de su padre, marino mercante. Oriente, tan lejos de Inglaterra, será sólo el primero de muchos viajes.
***
Los huracanes tienen siempre nombres de mujer. El barco que la llevaba también. Doris. María podría ser el nombre de un nuevo huracán: ha tocado tierra en la India, dos veces; es tormenta que arrolla a su paso las montañas italianas. Pronto pasará sobre la corte brasileña dejando su estela de manuscritos, crónicas y dibujos.
María es una historiadora severa. No. María es una botanista entusiasta. Insuficiente. María es una pintora que se detiene a divisar la forma y luz de la aparición de los Andes, “cuando íbamos acercándonos a tierra; como si surgieran del seno mismo del océano, sus cumbres eternamente nevadas brillaban con toda la majestad de la luz, mucho tiempo antes que se iluminara la tierra”. Tampoco. María es una coqueta y sagaz observadora. Sus pasiones se arremolinan dentro de ella al mismo tiempo. El papel las ordena y es su mejor confidente, su amigo más íntimo: el único compañero que realmente permanecerá a lo largo de su vida, sea joven de ojos curiosos o una experimentada Lady, ya inmóvil por la salud precaria.
***
María Graham.
Valparaíso, Chile.
Abril de 1822.
El ojo del Huracán María se detiene en Valparaíso. Ahora se apellida Graham, aunque su esposo acaba de morir. “Estoy viuda, desamparada, en un país extraño, separada de todos mis amigos naturales por distantes y peligrosos trayectos, sea que regrese por mar o por tierra.” Los huracanes pierden fuerza al tocar la tierra, disminuye la velocidad de sus vientos, se apagan.
Se sume en la tristeza y permanece en Chile, sin fuerzas para encarar un regreso hasta Inglaterra. Lejos de amainar sus vientos. En la entrada de un sólo día observa, registra, compara: las tiendas nacionales, alemanas, inglesas; la cantidad de pianos y el uso de ellos, el mercado y sus frutas y legumbres (elogia las papas), los mariscos y pescados (locos, navajas, congrio: detalla los sabores), las carnes y carniceros, el boticario y sus remedios.
A lo largo de los meses, María se despierta para escribir aquello que ve. Ocupa páginas en las costumbres que desconoce y persigue, ferviente, los descubrimientos. Suspira al partir el Doris, en el cual no se embarca: “los que se van tienen menos que sentir que los que se quedan. Los primeros tienen el ejercicio del movimiento, los encantos de la novedad o del cambio de situación por lo menos”.
No está dispuesta a quedarse quieta, ni aún en tierra firme. Pasea incesante por el pequeño puerto, por los cerros, ensilla su caballo y el de su criada.
A donde vaya, lleva consigo sus impresiones inglesas, su Lord Byron y Milton que cita frente a los arrayanes y el culén. Protesta contra San Martín, prefiere a Cochrane, sugiere políticas públicas, participa en la fiesta de San Pedro y tolera, finalmente, compartir la bombilla del jarrito verde de mate, muy contra sus costumbres civilizadas y buen juicio, para pertenecer a la ronda donde la convidan.
19 de Noviembre de 1822.
La tierra tiembla y María lo escribe. Minuciosa. Tiene miedo. Los vecinos también tienen miedo y salen con velas a la calle, se santiguan.
***
Lady Mary Callcot
Londres: 1830.
Las réplicas de su pluma llegarán hasta la London Geological Society. Charles Lyell toma su testimonio como prueba de la elevación de los terrenos y del choque de placas: la incluye en sus Principios de geología.
Londres: 1834.
Cuatro años más tarde, el presidente de la sociedad, George Bellas Greenough pone en duda el movimiento del uniformalismo y el gradualismo geológico: en vez de medirse con un contrincante de su liga, desestima las observaciones de María. Más fácil ridiculizar a una mujer. Su marido, Augustus y su hermano están prestos a batirse en duelo por su honor. El nombre de María ha cambiado: ahora ella es Mary Callcot. Tomó el título y el apellido de su esposo pintor, quien en 1837 será condecorado Sir y ella, por lo tanto, Lady. María, determinada, les prohíbe intervenir en su disputa, que bien puede resolver sin su ayuda. Elige su arma, la tinta, y responde con una carta aplastante.
El testimonio del mismo Charles Darwin le dará la razón a María. La recordarán en Inglaterra por sus cuentos para niños, Little Arthur’s History of England. En Brasil, como institutriz de la última reina, hija de Pedro I. En Chile, a más de once mil kilómetros de su tierra natal y 198 años, todavía se la lee: prácticamente pionera de la sismografia, historiadora, cronista, dibujante, botanista, amarrada por el puerto. La pareja muere, sin hijos; pero la mujer de los tres apellidos y las miles de impresiones se desparrama etérea en su obra, semillas que viajan, como ella, a través de latitudes.
Este texto fue desarrollado en la 3ª versión del Laboratorio de Escritura Territorial de BAJ Valparaíso.
*Ilustración de Vladimir Morgado
Sin comentarios