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Entrevistas

La fría agua del Pacífico: Carmen Duarte

Con Detector de metales (Emecé, 2020) novela ambientada en Viña del Mar durante los primeros años del siglo XXI, la crítica musical y psicóloga Carmen Duarte debuta en la narrativa.

Por Diego Armijo

Duarte, que nació en Viña del Mar y creció en la casa de sus papás ubicada en Miraflores Bajo, terminada su educación universitaria partió a Santiago. Ya desde antes de su traslado y complementando su interés por la psicología —la carrera que estudió en la Católica de Valparaíso—, empezó a escribir críticas musicales para distintos medios. Así, textos suyos fueron apareciendo en la Zona de Contacto, aquel tórrido y juvenil suplemento de El Mercurio; otros en el sitio de música Super 45, en la revista Qué Pasa y en colaboraciones para el diario La Tercera.

Aquellos intereses —la psicología, la música y en especial la escritura— la hicieron, finalmente, volcarse a la escritura de Detector de metales, su primera novela. En ella traza el paisaje del Viña del Mar que salía del siglo XX para entrar a un nuevo siglo con un persistente rostro de provincia. Cruzan la ciudad los protagonistas, jóvenes fanáticos del metal, habitantes de Miraflores Bajo y Santa Inés. Sobre estos temas y su trabajo a continuación hablamos.

En el periodo que viviste en Viña, ¿cómo era Viña para ti?

Era como todo, porque yo nací allá, nunca me cambié de ciudad, sino que cuando salí de la U. Pero, en ese periodo… mi familia es de Viña del Mar, por el lado de mi papá son de Valparaíso. Entonces era como el mundo conocido en el fondo. Viña era muy distinta de como es ahora. Tengo 40 años, fui chica en Viña en los ochentas y los noventas, y la ciudad era mucho más bajo perfil, a baja escala, con más casas. Todavía tenía esa cosa muy, muy provinciana que yo creo algo de eso ha ido cambiando un poco, especialmente con el “desarrollo inmobiliario”, si es que le queremos llamar “desarrollo”. Pero ha cambiado harto.

Desde que te fuiste a Santiago, ¿has venido regularmente a Viña? Digo, considerando la pandemia.

No, con la pandemia nada. No voy a Viña casi desde marzo. Pero sí. Mis papás siguen viviendo allá, una de mis hermanas vive allá, tengo harto de mi familia en Viña. Entonces, voy seguido.

¿Cómo ha cambiado la relación con la ciudad?

La relación con la ciudad ha ido cambiando harto. Me acuerdo de la época cuando yo fui veinteañera, en donde está basada la novela, tenía mucho esta sensación como de agobio de la provincia. Ver que hay otras cosas en otro lado, con ganas de querer salir. Ahora, ya con el tiempo, es al revés. Me pasa que tengo muchas ganas de volver, porque es mi casa, donde me siento cómoda. Entonces se dio vuelta la tortilla.

REINADO SANGRIENTO

Un vínculo entre el metal y Viña del Mar, fácilmente reconocido es Tom Araya —viñamarino—, vocalista de Slayer, banda gringa de trash metal. Pero, a la distancia del tiempo, aquel señor Araya se mostró como un fanático votante de Trump, un persistente hincha de Everton y una contradicción de rabia. De una sensación similar en Detector de metales el metal funciona como contrapunto de una ciudad deseosa de ser provincia, de personas que quieren asomarse a lo que hay más allá.

¿Por qué elegiste el metal como parte de la novela?

Me hacía sentido que a los personajes les gustara el metal. Había trabajado unos textos anteriores, algo conocía de la historia del black metal, que es bien entretenida y tiene hartos temas. Tenía la idea de que uno de los personajes principales tuviera esta conexión con Suecia, con Escandinavia y ellos son potencia mundial en metal, han salido muchas bandas buenas de ahí. Por otro lado, yo soy súper nerd y me encanta investigar de temas y cosas que no sé, entonces era un desafío, para mí, fabuloso. Conocer algo desde cero. ¿Por qué metal? Porque hacía sentido con los personajes que estaba construyendo, que son personajes que viven un poco al margen, que están como enrabiados, que ven la ciudad desde otro punto de vista y yo creo que eso es muy, muy metalero.

¿De qué lugar nace la novela?

De dos lados. Uno es como la experiencia de ser joven —”ser joven”, suena media decrépita—, tener 20 años en una ciudad a escala humana y cómo habitas esa ciudad y armas tu identidad en base a eso. Por el otro lado la novela tiene otra columna vertebral, que es el metal. Para mí, que llevo harto tiempo como crítica de música, el metal no era un tema que para mí fuera… nunca escuché metal. Fue una oportunidad de descubrir algo muy nuevo para mí que fue súper entretenido. Como crítica musical, descubrir un género musical completo, fue fascinante, lo disfruté muchísimo. Fue una suerte de hacer memoria y al mismo tiempo conocer algo muy nuevo.

En tu novela existen varios contrapuntos, Viña/Valpo, Viña/Estocolmo, Provincia/Mundo. ¿De qué manera te interesó trabajar estos contrapuntos en la novela?

Para mí es como si fuera un Metrópolis, un juego de ciudad donde hay distintas cosas que van en paralelo entre ellas o se van reflejando. Una cosa eran las ciudades, cómo hacer un paralelo; y así como se van creando esas dualidades, también me interesaba el rol protagónico —un hombre y una mujer—, cómo van viendo sus distintos puntos de vista. Cómo también, en una ciudad que es para otros y que tiene una cara hacia el turista, hacia lo veraniego, hacia lo más superficial; y una ciudad que es más íntima también. Esta novela se trata de eso. La cara de Viña del Mar y el Festival no la ves. Viña tiene hartas dualidades. La novela también está escrita en dos partes en el fondo. La parte de construirla así es a propósito.

En el lanzamiento de tu novela dijiste: “Cuando estás más lejos del centro tienes más libertad para hacer cosas”. Te referías a la provincia en relación al centro. Me interesó esa idea, vinculándola al contrapunto centro/cerro, por si pudieras desarrollarla un poco más.

Viña tiene esta cosa bien rara, que desde fuera se ven como una ciudad turística, ciudad jardín y el Festival. Como que ven esta imagen como algo aspiracional y cuando tú te das cuenta, Viña es una ciudad muy grande, que tiene diferencias muy marcadas. Yo creo que eso tiene que ver con un desarrollo poco equitativo de la ciudad, poco programado. En el fondo, deja a personas en mucha desventaja. La manera más fácil de describir eso sería centro/cerro. Es mucho más complejo que eso, pero hay algo de eso. Sí me interesaba en la novela mostrar eso, que Viña no es algo hegemónico, no es una ciudad que pueda contar solo un relato, tiene más cosas.

ESCRITURA CRÍTICA MUSICAL

El año pasado Duarte publicó un texto sobre Belle & Sebastian en La Tercera, haciendo una revisión de la carrera de la banda Glasgow. Allí se lee: “Algo tan dulce que llegaba a ser retorcido, como encontrarse que a los personajes de tus canciones favoritas les gustaba al mismo tiempo el sadomasoquismo y los estudios de la Biblia. Y nadie iba a juzgarlos por eso”.

¿Cómo te iniciaste trabajando como periodista cultural?

Yo no soy periodista de formación, soy sicóloga. Estudié en la Católica de Valparaíso, Sausalito. Siempre me gustó mucho escribir, desde chica, en el colegio. Me gustaba escribir, me gustaba la música. Traté de tocar guitarra. No tenía ninguna habilidad. Pero sí tenía habilidad para escribir. A mí la música es una de las cosas que más me gustan en la vida. Siempre ha sido así. Fue súper natural empezar a escribir de música porque eran dos cosas que me gustaban mucho. Empecé —bueno, por un montón de factores—, a finales de los noventa. Pasaron hartas cosas. Me vine a Santiago. Ahí me hizo mucho sentido la música de raíz más indie, más pop.

¿En qué lugares has trabajado?

Partí escribiendo en Super 45, escribí un tiempo en la Zona de Contacto (El Mercurio), cuando se estaba acabando, sus últimos estertores. Escribí en la revista Qué Pasa, antes que se acabará —oye, todos los medios se han acabado—; también en La Tercera. Siempre de música o crítica cultural de temas pop. A mí siempre me ha gustado esto, lo que te decía, yo soy bien nerd en el sentido de que me gusta entender de qué se trata una banda, cuál es la cuestión que hay detrás. Para ese artículo de Belle & Sebastian estuve harto tiempo investigando, porque es una banda que me gusta mucho, pero también era cómo tú aportas algo en el texto que estás haciendo. Porque reseñas tipo Wikipedia está lleno y el trabajo está en cómo tú le agregas algo a la persona que lo va a leer.

Me dijiste que escribías desde el colegio. ¿Qué tipo de textos escribiste antes de la novela y que textos piensas escribir después de la novela?

Antes de la novela escribí mucho tiempo no-ficción. Me dediqué a la crítica de música… no, antes de eso. En el colegio escribía cuentos. En algún momento estuve becada en la Fundación Pablo Neruda, ahí en Valparaíso. Me gustaba esto, pero en algún momento lo dejé de hacer y partí escribiendo crítica musical y textos más periodísticos. Hace unos 5 o 6 años, fue como, “ya po, si siempre me gustó este tema de escribir, cómo no lo voy a intentar de nuevo. Tengo que enfrentar mis miedos”. Ahí partí yendo a algunos talleres de cuento, con el Diego Zúñiga, después fui a uno en la Católica. Eso que te digo, que soy muy nerd, de verdad soy muy nerd. Hice un diplomado en escritura creativa y otro en escritura crítica. Con eso ya solté la mano, totalmente. Le tenía harto susto, harto respeto a escribir ficción. Ahí me lancé con la novela. Yo creo que si escribo una próxima novela, me gustaría, eso sí, que fuera sobre un personaje situado ahora, probablemente más con el mundo del trabajo que el mundo de la identidad o del ocio. Me gustaría que fuera un personaje que tuviera una pega de 9 a 7.

VIÑAMARINXS

Dime qué libros de Viña, o escritores de la zona, que conozcas o que hayas leído.

El Daniel Hidalgo [Canciones punk para señoritas autodestructivas, Das Kapital, 2011] que es de Valparaíso, el Gonzalo Maier [Un mundo en otra parte, Random House, 2018], que es de Viña, que él es casi de la generación mía, con Daniel, también, somos casi de la misma edad. También el Andrés Nazarala [Hotel Tandil, Hueders, 2019] sacó un libro hace poco, él también es de Viña. La Catalina Porzio, que sacó un libro sobre Viña, Viñamarinos [Laurel, 2015]. Hay harto gente actual que está publicando ahora, que es de la quinta región, y creo que todos tienen esta cosa medio como híbrida que tiene Viña, que es como ser provincia y no serlo en el fondo. Harta gente que está haciendo cosas súper interesantes. Yo creo que Daniel describe muy bien Valparaíso. Gonzalo Maier sacó una novela, que no tiene que ver con Viña, pero tiene ese tono.

¿Qué te llama la atención de Viña?

Me llama mucho la atención como Viña del Mar alto se va transformando en Gómez Carreño y después sigue creciendo la ciudad, y cada vez con texturas más distintas. Estos personajes (los de la novela Detector de metales) las recorren, es parte de su día a día, es parte de su entorno. Cuando tú estás lejos eso llama mucho la atención y el cómo creas una identidad en base a eso. También eso me parecía interesante: personas que se pueden mover por todos lados.

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