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Entrevistas

Fanny Campos con el pañuelo verde bien puesto

Le moleste a quien le moleste, esta escritora, de profesión abogada, editora de Punto G, escribe poesía feminista: entre sus obras destacan Ruleta Rosa (LOM, Santiago, 2019) que aborda casos reales de femicidio, Poesía en Toma (Ediciones Punto G, 2019), poemario compilatorio de las tomas del Mayo Feminista, también varias plaquettes. Fue columnista en El Desconcierto, sostuvo un programa radial llamado Territorio Feminista y otras veces lee versos, desde Puerto a Limache, en cada estación de metro. Hoy no solo habla de letras, sino desde su activismo.

Por Tabata Yáñez

Cada jueves se iba de los talleres a seguir leyendo poemas en los bares viejos del sector Mapocho (Santiago) en ese tiempo, finales de los 90’ principios de los 2000’, Balmaceda terminaba su nombre en “1215”, mucho después se cambiaría por “Arte Joven”. La bohemia, recuerda entonces, que enfundaba alrededor gozaba de buena fama, y esos días, luego de clases (Derecho en la U. de Chile), se volvían un escape, la ayudita para sobrellevar el peso.

Entró a uno donde conoció a personas que escriben hasta el día de hoy, a la Gladys González, el Raúl Hernández, a muchos más. Y el Raúl la llevó a un taller, eterno, también gratuito, que impartía la Paz Molina. Ahí empezó a creerse más el cuento, porque siempre ha sido media insegura, aunque desde niña leía poemas, deleitada por las palabras, sonidos. La Paz Molina la incentivaba, a todos los trataba como si fueran poetas, sus pares, pero el ambiente era bien machista. Quién diría que se iba a retraer un poco, tomar receso, distanciarse de publicar, no de escribir, migrar a la Quinta Región. Entre idas y venidas, ahora lleva cuatro años viviendo en Concón.

Y siempre en la poesía, ¿no?

Sí, siempre en la poesía la verdad. Igual escribo cuentos pero he publicado poca narrativa… ¿cuál era la pregunta?

Hablábamos de cómo llegaste a las letras.

Verdad. Yo sí quería estudiar literatura, lo que pasa es que nunca me atreví por una cuestión de peso familiar, una vez que ya estaba dentro lloraba leyendo las normas, qué horrible ese lenguaje, pensaba. La cosa estética, cómo estaba planteado, la forma, el fondo. Ahí te das cuenta que las leyes están hechas para los opresores, sobre todo nuestro ordenamiento jurídico actual, desde ya la constitución está instaurada por las armas. Todas esas cosas eran tan terribles, no tuve el valor de no terminarlo, me auto presionaba. Por eso los días jueves de poesía era lo que me ayudaba a resistir.

Regresará al mundillo literario cuando nazca su hija, un despertar le da cuenta: tienes que ser feliz. Sacará un manuscrito muy antiguo, transcurrido más de diez años, que será su primer libro Hystera Hystrión (útero máscara) retratando la adolescencia, ganará un fondo; se interesará, justamente, en publicarlo el mismísimo Balmaceda. Si fue un actor fundamental en su formación, responde que por supuesto. Nunca estudió  literatura, los únicos estudios son informales, son esos talleres de Balmaceda, “éramos jóvenes, no teníamos muchos recursos para pagar un taller privado”, aprender de los compañeros era otra cosa.

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Eres activista feminista, ¿desde qué momento comienzas a llevar esa lucha a la poesía?

En un comienzo era súper intuitivo porque estamos hablando del siglo pasado, donde no era como ahora que hay internet, nos pasábamos fotocopia de los libros. Me acuerdo que mi feminismo, si es que se pudiera llamar así, de entonces era más bien de rabia frente a experiencias personales. Todas las mujeres vivimos en cierto grado violencia, quizás no siempre drásticas pero sí ciertas discriminaciones desde el mismo hogar: que tú y tus hermanas, no los hermanos, ayuden en las labores del hogar, no me dejaban salir a ningún lado. Eso me iba llenando de ira, en el primer libro ya hay algunos poemas que tienen que ver con la temática, un capítulo dedicado a Artemisia Gentileschi, violada por su maestro Agostino Tassi, revictimizada al momento del juicio. Escribía desde allí.

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JUDITH/ARTEMISIA

“… con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Le arañé la cara, le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mí el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne.”

 Artemisia Gentileschi

Con el vestido que más te gusta/ me dispongo/ a tomar tu cabeza/

empapado parecerá ceñirse/ todavía más al cuerpo

1

Antes vertida en una copa/ probaré tu sangre

1

Brindaremos por la justicia/ porque tú ya lo sabías/

 a tipos crueles como Vlad/ o el mismo Holofernes/

Tassi y todos los reyes/ se les corta la cabeza

1

Tiene algo de romántico /¿no te parece?

Agradéceme/ estilizar tu muerte

hombres como tú/ no merecen menos.

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La que pintó ese cuadro que muestra a dos mujeres asesinando.

Exacto. Se llama Judit decapitando a Holofernes. Después el feminismo llegó en forma más teórica pudiendo acceder a otras lecturas, no en la universidad. Fui reconciliando el Derecho y la Literatura, en Esperpéntica (Ediciones Punto G, Santiago, 2018) se parte con un poema visual, con papel diamante, que deja ver algunas letras de un artículo del código penal que penaliza el aborto.

Leo tus poemas, se nota que hay hechos, no solo es ficción, ¿cómo es el trabajo de investigación detrás de ello?

Ruleta Rosa (LOM, Santiago, 2019), fue un trabajo bien duro, un difícil proceso de escritura porque son casos reales, la mayoría de los poemas están escritos en primera persona dando voz a la mujer que fue asesinada por su propia pareja, esposo, conviviente o ex. Es súper fuerte ese acuerpamiento, ponerse en el lugar de ellas, fue complejo de hacer en términos emocionales. Me venían mareos, tenía pesadillas por investigar los casos, muchas veces viendo sus redes sociales, la prensa. No sé si lo volvería hacer pero terminé hasta el final lo que me había propuesto, creía que era necesario darle voz a quienes ya no podían hablar y que —parafraseando a la Stella Díaz Varín— no dejar que nuestras muertas descansen bajo tierra en paz, hacer un ejercicio de memoria aunque sea doloroso.

Una se queda con lo que ve en las noticias, la descripción fría.

Claro, los noticieros luego pasan a otra cosa inmediatamente, con la rapidez que no deja pie a ningún tipo de análisis ni tampoco a procesar las emociones, sensaciones o sentimientos que te produce. Siento que tomar esos casos y ponerlos en un poema es dar pie a otro ritmo que nos permita reflexionar, sentir y eso me interesa, como hacer un poco de denuncia y de remecer las conciencias.

En ese sentido, ¿de qué manera definirías tu rol, si es que crees tener uno, como escritora, poeta, editora?

Creo que toda persona que publica tiene una responsabilidad más allá, en el fondo pública, o sea PUBLICAR viene de público, de hacer público algo. Entonces siento que no es un deber pero para mí —yo lo veo así— es una responsabilidad en la elección de qué es lo que publicas. Escribo muchas cosas, de todo, pero selecciono qué me interesa decir en el espacio público, cómo aprovecho yo esa situación de privilegio para decir algo que a mí me parece importante. Jugársela por lo que tú crees, por el género. A mí me parece fundamental, alguna vez tuve alguna crisis vocacional de para qué escribir. Para mí la respuesta fue esa: utilizar ese espacio en decir cosas incómodas que tal vez no son tan fáciles de escuchar y me lo han criticado muchas veces.

A eso mismo iba a llegar, ¿te han criticado por el hecho de ponerle una bandera feminista a la poesía? Me refiero a que las personas te digan que no “se note muy feminista”.

Sí, obvio, se te van a cerrar muchas puertas. Este mundo, la literatura, no es una excepción, es súper patriarcal. Estos temas no muchas veces van a tener buena recepción, es un costo que estoy dispuesta a aceptar. Pero no por eso voy a dejar de escribir lo que quiera, lo que me nazca. La libertad creativa es fundamental, que cada cual escriba lo que le parezca. Por ejemplo, mi último libro, que terminaría con una trilogía (se llamará Mater-nación) me los descalificaron en el Consejo de la Cultura como “panfletario” y son varios poemas que tienen que ver con la autonomía sexual y reproductiva de la mujer. Esa es su temática, lo escribo desde que soy mamá. La autonomía sexual, tiene que ver con que cada mujer escoja si quiere o no ser madre. De eso va el libro y eso me lo tacharon de panfletero.

Les molesta que se “note”, que no sea “objetivo”. Coincide conmigo en que sí, esa fue su  impresión. Con o sin fondo, cuenta, va a salir de alguna manera, como siempre. Al menos con Poesía en Toma (recopilación de poemas leídos por compañeras poetas de regiones en las tomas feministas del Mayo Feminista) sí obtuvo financiamiento, “pensé que no iba a pasar porque es bien política (…) y fue por lo demás es un antecedente súper importante al estallido del 2019”.

En un artículo de opinión del Mostrador catalogaban tu poesía como “poética antimachista profeminista”, ¿estás de acuerdo con eso?

A mí me parece redundante (risas) pero además de eso, sí, yo estoy de acuerdo porque de hecho, sí, es pro-feminista y es antimachista. No me molesta la verdad. Le moleste a quien le moleste, a mí no me molesta.

LA POESÍA (FEMINISTA) A LA CALLE

¿Y cómo trabajas desde tu activismo en la región?

Con Punto G, mi editorial, hacemos varias lecturas que llevan la poesía a las calles, dentro de esas actividades por ejemplo está el “Descerrajando el amor patriarcal”, desde hace cinco años o más cada 14 de febrero, es una convocatoria abierta para leer poemas que tengan que ver con la de des-romantización de las relaciones y denunciar lo nefasto que puede ser una relación supuestamente de amor que termina en femicidio. Siempre haciendo actividades que lleguen a otro tipo de público, eso ha tenido buena recepción. En las universidades muchas se acercaban a decirnos que no sabían que la poesía podía ser interesante.

¿Es más del territorio?

Me gusta hablar de la región aunque no la abarcamos toda, tratamos de llegar a otras comunas. Lanzamos el libro en Concón, el Descerrajando… lo hemos hecho en Viña, otro en Valparaíso, participamos en Quilpué, Villa Alemana. Otras veces leemos poemas durante todas las estaciones de metro desde Puerto hasta Limache terminando en una librería muy linda llamada Una Casa de Cartón. Siempre tratando de sacar la poesía a las calles, la poesía feminista.

¿Lo mejor y lo peor de trabajar desde la edición independiente?

Lo mejor es tener plena libertad de decidir qué publicar y qué no, arriesgarte con las que no van a tener éxito comercial. De hecho, qué menos comercial que la poesía para empezar, y feminista, peor (risas). La cosa es que casi nadie lee poesía, las editoriales suelen no publicarla. La ventaja de las editoriales independientes es que mantienen la literatura no comercial viva. Y lo peor es también eso pero del otro lado porque van a escasear siempre las lucas, es difícil, sobre todo la distribución y la difusión, en Chile hay re poca crítica literaria, todos tratamos de hacer de todo porque es como un circo pobre.

¿Tu herencia literaria?

Trato de leer más mujeres, pero como siempre partí leyendo muchísimo más a hombres. Considero una especie de mamá literaria a la Elvira Hernández, por ejemplo La bandera de Chile, realmente me marcó mucho, sobre todo saber cómo fue escrito, en plena dictadura, ella también publicaba mucho en plaquette; Soledad Fariña también, muy generosa, me acuerdo que ella prologó el primer librito del que te hablé que publicamos en Balmaceda; la Carmen Berenguer, Rosabetty Muñoz, todas las poetas de esa generación son como nuestras referentes. Hay un libro también de Alicia Galaz, muy feminista; Verónica Zondek, Eugenia Prado, Pizarnik, Storni, Stella Díaz Varín, Mistral, Violeta Parra, hay tantas.

En cuanto a las poetas de ahora, ¿cómo pueden hacerse camino en Valparaíso?

A diferencia de la primera vez que vine, no había mucho movimiento, hay harta poeta mujer, creo que la Gladys tiene mucho que ver con eso, abriendo puertas. Hoy están organizadas, hay contacto entre ellas, está la Red Feminista del Libro, eso es bien apañador. Gladys Gonzalez, Eli Negra, Priscilla Cajales, Rosa Alcayaga, hay varias de mi generación y más jóvenes, Victoria Herreros, Carolina Gómez, Lilít Herrera, Alejandra Montoya, Ema Ugarte, Valeri Rojas, Karime Morales. Me gusta lo que se está haciendo acá, ser parte, que haya harto movimiento y activismo poético dentro de la región.

Para cerrar, ¿en qué proyectos estás trabajando?

Está pronto a iniciar un taller en colectiva Quitral llamado “Cadaver, no dejemos olvidadas bajo tierra nuestras muertas”, es de escritura colectiva, vamos a generar creaciones colectivas, me parece que va a ser una forma muy interesante de escribir desde el feminismo, qué más feminista que escribir colectivamente. Así que a eso están invitadas, es súper asequible, baratísimo. Estoy terminando mi cuarto libro, el que comenté, Mater-nacion. Y qué más te cuento, estoy probando a escribir literatura infantil, así que ahí a lo mejor sale algo muy diverso.

(*) Fotografías de Kika Francisca González

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