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Entrevistas

Juana: Me inventé sola

Primero Juana La Loca. Luego Juana Anuarí, quien firma Diarios de Siméfira (Editorial Camino). Hoy, Juana Balcázar. Con el nombre que sea, una autoría desarrollándose que pasó por Valparaíso, con muchos textos por venir.

Por Lourdes Díaz Rosales

De pronto siento su mirada, se acerca y me pregunta: «¿Me puedo sentar?», por supuesto, respondo. Le comparto mi nombre y ella me dice el suyo: Juana. Dos pajaritas nuevas en el Laboratorio de Escritura Territorial de Balmaceda Arte Joven en Valparaíso.

Hace un año conocí a Juana Balcázar, periodista, escritora y, con mucho cariño puedo decir, amiga. Cuando chica siempre deseé conocer a una escritora, sí, lo digo como fan número uno ¿cómo no hacerlo? Si Juana lleva consigo un trayecto y un encuentro con las letras desde los nueve años.

Nace en Coquimbo, ciudad del norte de Chile, lugar que significa un primer acercamiento con las hojas, con el objeto, las letras. Su padre, trabajador del vertedero de la ciudad, recoge los libros que son botados y se los entrega en sus manos. Juana los recibe y es ahí donde comienza a palpar la escritura, ojearla y encuentra en ellos un espacio de exploración y refugio que tomará cada vez más fuerza en su proceso de crecimiento.

Son diferentes Juanas las que habitan dentro de Juana Balcázar, primero como: Juana La Loca. Luego, con esa capacidad única de reinventarse, se nombra Juana Anuarí, en referencia al título de un libro de Teresa Wilms Montt. Actualmente, Juana Balcázar, apellido de su madre y quien representa una figura femenina relevante en la construcción de sus letras. Algunos de sus textos son: Centinela, Diarios de Siméfira, cuentos y publicaciones en libros y revistas como: «La cofradía del caracol de mar», «Virgen sin nombre» y otros que están por venir.

Videollamada conexión Valparaíso-Coquimbo. Hace frío, un cafecito y un cigarro en sus manos acompañan este momento:

¿Qué impulsa a escribir a Juana Balcázar?

–La figura femenina siento que ha estado muy presente en mi escritura. Tiene que ver un poco con el hecho de que mi mamá y mi abuela también escribían muchos diarios. A veces releo los diarios de mi mamá que ella me regaló en un momento. Siento que la escritura era también para desahogar muchas de las vivencias que ellas tenían como mujeres en el contexto en el que vivían.

Mi abuela se casó a los dieciséis años, mi abuelo le sacaba la cresta, en cierta forma para ella la escritura era un escape, un refugio y también un arma para defenderse. Mi mamá escribía reflexiones del matrimonio. Dentro de sus diarios también dibujaba mucho la idea de la maternidad y la ha planteado de una forma muy cruda, pero eso nunca, nunca salió a la luz. Me parece una forma muy bonita de tomarse esas escrituras que vivieron las mujeres de la familia, como tomar el lápiz y escribir sobre eso, también como una forma de trazar un plan de acción.

1 de mayo del 2021 – Diarios de Siméfira

Tuve un recuerdo:

Cuando pequeño, mi abuela nos mostró cómo se podía ver cuántos hijos tendrías con el poder de una aguja.

Me obsesioné.

Me fascinó el hecho de que un pedazo de metal te brindara el reflejo del futuro.

Salí al patio, me subí a una roca y comencé a jugar con la aguja, pasándola por mis dedos y mi muñeca.

En ese momento escuché un grito, era el vecino pensando que me quería suicidar.

Juana, ¿Qué significa para ti la escritura?

–Un refugio. Pero siento que después llega el punto en que el escribir es una necesidad, una toma cierto compromiso con esa palabra escrita y eso se transforma ya no en un refugio sino que también en un arma para defenderse y cuando tú, desde la vereda más recóndita, tratas de develar un poco tus vivencias, que ni siquiera son tus vivencias, porque lo que una puede vivir también lo puede vivir otra persona, hay ciertas vivencias que nos atraviesan y en el caso de estos cuerpos que no están dentro de una norma establecida. Donde se sufre una violencia específica por el hecho de no pertenecer, no actuar, no moverse de cierta forma, no hablar de cierta forma como se supone te corresponde.

¿Es para ti una responsabilidad lo autobiográfico?

–Es una responsabilidad, es un compromiso a la hora de escribir mostrar eso, ponerlo ahí y, de hecho, a veces ni siquiera es que piense, sino que muchas veces al escribir esas mismas vivencias también se van escribiendo solas, muchas veces ni siquiera existe una intención determinada de que tu texto sea con una bandera de lucha o no, sino que simplemente están ahí porque así pasaron, así es.

La violencia es real, las vivencias de cada persona son reales, ocurren. El escribir sobre eso creo que es la forma más sincera que tiene una persona y en este caso, una escritora, de hacer su trabajo. Al fin y al cabo, es eso. Pretender algo que no es, es traicionar esa palabra y, en ese sentido, creo que es importante la sinceridad y la crudeza.

***

Conocer cada martes a compañeras, compañeros y compañeres en torno a la escritura fue inesperado y había en Juana una calidez en su mirada y una calma en sus palabras, como dice el dicho (para los que no soy muy buena) vine por cobre y encontré oro. Seguimos sentándonos juntas, las pajaritas nuevas ya están aclimatadas y ahora parecen cotorras. Nuestra primera salida literaria fue al cementerio, con todo el grupo del laboratorio, la que terminó en el Roma y posteriormente en el Cureptano, porque para una geminiana la cosa no termina a las 01.00 AM, eso Juana lo sabe.

Hablemos de los territorios que han calado tu corazón ¿cómo se expresan en la escritura que has consolidado por estos años?

–Dentro de los lugares que siempre, siempre han significado mucho para mí, está primero el mar. Porque toda mi vida he vivido frente a él. Cuando me siento nostálgica, voy a la playa, voy a los roqueríos. Cuando me siento triste o alegre también voy al mar. Entonces más que la ciudad de Coquimbo como tal, está la geografía de las rocas, que me gustan mucho. Porque también mi niñez es al lado del mar, con las rocas, con el olor a Peña, que me encanta mucho, de los cactus, del semiárido y esos imaginarios, esos olores, todo eso, obviamente, también ha estado dentro mío, metido en mi escritura. Y cuando me moví a Valparaíso fue como un revolver. Para mí Valparaíso es un revoltijo, pero no es un revoltijo en un sentido negativo, sino que es un revoltijo de cosas que igual me fascinan. A Valparaíso le digo mi pedacito de mar.

¿Hay algo que lleves contigo particularmente de Valparaíso?

–Cuando llegué, fue un periodo en el que sentí profunda soledad y donde también frente a todo este revoltijo de ciudad pude rescatar muchas cosas de ese entorno. No sé, me acuerdo de que la primera vez que llegué a Valparaíso vivía en Cerro Polanco, en una casona muy antigua que se caía a pedazos y me acuerdo que me gustaban mucho estas casonas antiguas. La tranquilidad también se encuentra en ciertos espacios dentro de ese caos. Que dentro de ese bullicio de ciudad también existan espacios donde decantan ciertas cosas. La señora que baja en el ascensor y va a la feria de avenida Argentina con una calma enorme, caminando por todas las calles llenas de gente gritando y de autos tocando la bocina. Ver a los gatos en una escalera tomando sol. Siento que Valparaíso es muy contradictoria y me gusta que sea así, porque al final te lleva a lo que una es, llena de contradicciones y siento que eso es súper humano.

Participaste en el Laboratorio de Escritura Territorial de Valparaíso ¿Cómo fue esa instancia?

–Yo no tengo familiares en Valparaíso. No tenía amigos en ese entonces, cuando recién llegué, nada. Y, justamente el LET, en un inicio respondió a esa idea que yo tenía de conocer a gente que también escribía, sin tampoco pensar mucho en qué iba a ser el LET, con qué me iba a encontrar. Respondió a esa necesidad. Para mí significa la maduración un poco de mi escritura. Ver también lo que escribo, con los ojos de las personas con la que convivimos en ese espacio los martes.

Conocer también otras escrituras de otras personas con otras vivencias y el compartir también esa escritura. Creo que es una forma como alejada de esa pretensión que muchas veces una encuentra en estos espacios artísticos, para mí significa muchísimo, es un proceso en el que pude ver lo que estaba escribiendo desde otra forma también.

¿Qué sientes de la escritura porteña? ¿Con qué te encontraste?

–Siento que Valparaíso hoy es uno de los centros posibles donde la escritura, ¿chilena se podría decir?, se está gestando. Algo súper interesante que no sea Santiago. Como decían la otra vez en el documental del LET hay un lugar muy fértil donde siento está surgiendo mucha escritura muy interesante. Está la escritura de la Teo [Teodora Inostroza] que a mí me gusta mucho, del Renato [Radioactivx], por ejemplo. Que tienen una profundidad muy potente y siento que también se debe a ese ritmo un poco errático de la ciudad, cómo está compuesta de muchas formas geográficas. Confluyen muchas cosas en Valparaíso. Siento que es bonito que sea así, que no sea un lugar como Santiago, que me apesta y que siento que han tenido la pretensión de que, por ser la capital, se está gestando todo lo que a nivel cultural en Chile hay. No, para nada. O sea, siento que en Valparaíso y en otros territorios existe una particularidad que no se ve en allá.

***

Diarios de Siméfira aglutina en sus letras el día a día de forma explícita, con una crudeza ágil y certera”, afirma Manuel Torcido en la contratapa de la publicación.

En septiembre del año 2022 tuvo un pedazo de corazón en los puertos de Coquimbo y Valparaíso, cuando realiza el lanzamiento de Diarios de Siméfira, una escritura testimonial de sus vivencias como un poema, como un manifiesto político, social y personal en tiempos de revuelta y pandemia. El día del lanzamiento, ánimos intensos por el proceso eleccionario que venía en camino, que terminó por quitarnos parte de la sonriente primavera. Esa tarde comienza la lectura de su diario con «Espalda de Santa María», escrito un 20 de octubre del 2019. Se vuelve a sentir el llanto de esa cola fuerte que rememora a Kevin Gómez Morgado, asesinado por militares en la ciudad de Coquimbo.

Valparaíso no se va tan fácilmente del pensamiento y el corazón ¿Qué proyectos se vienen?

Se viene la reedición de Centinela (2021) con Histeria Editorial en formato fanzine, va a ir acompañado de ilustraciones de una poeta ilustradora, Natalia Rojas. Ese trabajo lo escribí a principios del 2019, lo terminé en 2020 y se publicó el 2021. Lo publiqué con el Taller Editorial Me Pegó Un Tiro de La Serena. Y claro, estuve releyendo, trabajar nuevamente el texto, no sé si de cero, pero hubo un trabajo ahí de reescritura, de reacomodar ciertas cosas que estaban como para darle un nuevo camino a ese libro.

Diarios de Siméfira, un espacio de intimidad, pero también un manifiesto político desde la zona norte, teniendo presente la partida un 20 de octubre. Cuéntanos, ¿por qué ese nombre?

Mira, Siméfira en verdad como que no tiene ninguna pretensión más allá de ese mismo entendimiento de las palabras. Para mí muchas veces las palabras son cajas que se llenan de significados para ordenar la realidad. Me inspiré en una palabra que me inventé y cuyo significado creo que todavía lo estoy descubriendo. No sabría decirte si es un poemario o si es un diario como tal, porque sí, tienes un diario —está estructurado en días, lugares. Ahí está Coquimbo, Antofagasta, Santiago, Valparaíso. No todo lo que está dentro del libro para mí son poemas, también hay reflexiones. Hay algunos textos que son más narrativos, cosas que podría decir que son crónica, textos en diferentes años de cosas que a mí como escritora me fueron sucediendo y ahí está el sexo, la política, la soledad. Un poco como esta sensación de desarraigo y todas esas cosas creo que representan este concepto de Siméfira. De algo que no está quieto, que se transforma, que muta, que justamente para mí eso también es la palabra, algo que se mueve, que está vivo, que se reinterpreta constantemente. Siento que eso significa ese libro y porque una se inventa igual constantemente.

¿Un ritual de Juana al momento de escribir?

Para mí la escritura significa un compromiso y un juramento que una se hace y que, por lo menos en lo personal, yo me hice. Nunca me obligo a escribir y siento que también dentro de eso está la libertad como escritora, yo escribo cuando quiero hacerlo. Hay momentos en los que escribo muchísimo y en los que no puedo parar de escribir y estoy como todo el día escribiendo, toda la tarde escribiendo, toda la noche escribiendo y hay periodos en los que pueden pasar meses en los que, en verdad, no escribo.

Leo, sí, hago otras cosas porque siento que también dentro de este imaginario de la literatura se tiene esta imagen del escritor que escribe todo el día y está ahí, escribiendo, escribiendo, escribiendo y no, porque siento que la escritura no es solamente el ejercicio de escribir, sino que también está el ejercicio de escuchar. Es el ejercicio de observar, el ejercicio de leer otras cosas.

***

Gracias por esta conversación amiga (o mi guagüita como me gusta decirle) nos vemos pronto.

La invitación a conocer a Juana y su trabajo está abierta, puedes seguir sus proyectos y su último lanzamiento, Revista Larus.

(*) Retratos de Kika Francisca González.

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