Priscilla Cajales y Ernesto Guajardo, BAJ VALPO, 93 minutos.
Ambos poetas, con oficio de escritores multifuncionales, conversaron sobre sus apreciaciones en torno a la crítica regional, el centralismo y algo más, todo ello bajo el alero del lanzamiento online de nuestra reciente plataforma digital.
Por Tabata Yáñez
Media hora antes avisan no alcanzan más de cuatro en la pantalla, aunque al final somos tres, siempre tres, por alguna razón la señal del internet falla y se cae alguno que otro; un audio, la imagen o todo. Cristóbal y Daniela apañan desde el principio, nos convoca presentar “un nuevo hije del poliamor entre BAJValpo, Cristóbal Gaete y tantxs cabrxs talentosxs: PLATAFORMA CRÍTICA”, habían escrito/compartido una semana atrás por Facebook, otra red social con una usabilidad familiar a la que ahora nos permite lanzar el medio online. Palabras de bienvenida cibernética, recordatorios de otras actividades para lxs usuarixs, dobleVé, dobleVé, dobleVé, eslash, eslash y un recorrido por el arquetipo de la página. Diego se cae, Diego lee. se vuelve a caer. Se van los demás, entran Priscilla Cajales y Ernesto Guajardo:
Quiero partir con la base de que como equipo nos encontramos frente a un escenario paradójico, como ha dicho antes nuestro editor Cristóbal Gaete, en que los espacios reflexivos sobre esta producción regional tan rica —o sea escribimos en la segunda región de Chile que produce más libros— fueron desapareciendo. Como resultado hay poco análisis sobre lo local y si lo hay es bajo otras líneas editoriales, más bien hegemónicas. ¿Por qué hoy nos encontramos en este estado? ¿Qué creen ustedes?
Priscilla: La falta de crítica y la falta de trabajo, pensando en la literatura que se hace en regiones, es un síntoma del centralismo. Sin duda es una realidad en un pequeño país como este. Si bien Cristóbal decía que Valparaíso es un lugar donde se publica un montón de literatura, también es cierto que es un espacio más pobre en relación a espacios de creación de contenido. ¿Cómo? Balmaceda afortunadamente existe aquí y existen otros pocos espacios también en donde se puede desarrollar el pensamiento, pero la falta de contenido tiene que ver con eso, se lee lo que se escribe en la capital, sobre la capital y eso tiene que ver con el provincialismo de Chile, que siempre mira a ese ombligo que está tan marcado como Santiago.
Ernesto: Sí, concuerdo. Inclusive, creo que ese centralismo es un rasgo histórico de la producción regional porteña y seguramente de otras. Hay rastros en los textos de Modesto Parera, por ejemplo. Si uno rastrea la crítica literaria que se hacía en La Estrella o en La Unión, es usual ver que existían problemas reiterados en el tiempo. Tirajes escasos, problemas de distribución y una tendencia a recepcionar solo la obra capitalina. Ahora, creo que eso también pasa por cierta falta de profesionalismo, es muy usual encontrar datos de publicaciones que se hicieron aquí en Valparaíso y nunca hubo depósito legal. Entonces, el investigador que quiere ir a rastrear la poesía porteña de los 20’ al 30’ se topará lagunas y eso dificultará el trabajo crítico. El eje es el centralismo pero que concurren diversas variables.
¿Tiene que ver también con que los escritores de Valpo terminen publicando en Santiago?
Ernesto: Sí, no deja de ser potente que en alguno de los momentos “cumbres” del siglo XX los autores hayan publicado en Zig Zag o Nascimento, de ese momento editoriales importantes. Nosotros deberíamos ser vistos como la Barcelona chica de Chile considerando la cantidad de publicaciones que tenemos. Sin embargo, eso no ha devenido en calidad. Hay una tarea pendiente. Sería deseable que se genere un efecto contrario. Sueño con que se diga “quiero publicar en Valparaíso. Me interesa, sería bueno para mi carrera hacerlo por alguna de las cuarenta y tanto editoriales que hay”. Es una aspiración que no es tan compleja de realizar. Hay muchas cadenas del ecosistema a nivel regional que no están del todo unidas, lo que dificulta mucho.
Priscilla: Sí, me quedé pensando en eso porque hay un espacio más amplio de difusión en la capital, yo misma como autora he publicado efectivamente mis dos libros en Santiago porque allá están mis redes también, las editoriales que conozco y que aceptaron mi libro básicamente. Y claro, creo que el espacio nacional literario es bien ínfimo en los lugares que uno puede transitar y los que una puede abrir sus libros. O sea, un libro de poesía en Chile no existe salvo para los escasos lectores de poesía que hay en el país. Entonces, una como autora envía el libro a donde crea que pueda circular un poco más. Y efectivamente muchas veces eso no coincide con lo porteño necesariamente.
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Por el contrario, es interesante que ambos sean de la capital y se hayan radicado aquí. “Por supuesto que una tiene un relato de Valparaíso”, dice Priscilla cuando le pregunto. Pero ella siempre vino desde niña hasta que se quedó a estudiar porque también vio a Santiago y observó que ya no quería vivir allí. “¿A quién le importa donde uno ha nacido? Uno simplemente como trabajador, escritor, va donde se abren los espacios”. Mientras tanto, Ernesto culpa a su biografía, aunque creció al lado del mar debió terminar la escolaridad en Santiago y para él “eso pesa mucho en el cuerpo, hay una nostalgia muy grande”, así que no dudó en la oportunidad de vivir en Valparaíso. “Fue un acto de sanación físicamente hablando, sin metáforas”, termina.
¿Y piensan volver a Santiago? (No me doy por vencida).
(Solo risas)
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Bueno, como dijimos, frente a la necesidad de este contexto poco crítico, nace este nuevo medio digital, ¿no? ¿Consideran que abriendo el espacio de debate e ideas en la región se podrá generar una posibilidad menos descentralizada, más democrática para que la producción literaria de Valpo vaya cuesta arriba? ¿O no solo basta con eso?
Priscilla: El paratexto literario es fundamental para enriquecer, muchas veces tiene tanto poder que logra cambiar las formas en que se está escribiendo, como ha ocurrido con la crítica literaria en Chile. En algunos casos cumple la función de proporcionar nuevas maneras de leer, nuevos puntos de vista acerca de la literatura. No sé si uno pudiera ser tan optimista, pero viendo que se ejecutan este tipo de proyectos en medio del encierro, tiendo a pensar en que sí, hay gente que está interesada en la literatura, poca como siempre en un mundo pequeño. Sin duda contribuye a pensarse, cuando te entrevistan y te hacen pensar en público —uno puede pensar en privado— hay un ejercicio enriquecedor para el escritor.
Ernesto: Sí, concuerdo con lo que señala Priscilla y vuelvo a la referencia histórica porque nos permite tomar perspectiva. Estos temas que estamos discutiendo son más bien atávicos y han caracterizado el desarrollo de la literatura en Valparaíso. No sirve solamente publicar si no hay al otro lado alguien que sirva de puente entre el libro y el lector posible. Pero creo que va ayudar en la medida que también se pueda interceptar con otros eslabones de la cadena. Por ejemplo, con las bibliotecas municipales, colegios, o sea, esto no es una varita mágica. Va ayudar muchísimo una plataforma crítica, pero en la medida que se articule con otros espacios, actores, será más productivo.
Claro, en Plataforma Crítica colaboramos principalmente jóvenes que hemos participado en diferentes versiones de laboratorios y talleres de creación de BAJ VALPO, como el Laboratorio de Escritura Territorial impartido por Cristóbal, más conocido como LET. Y no somos destacados críticos literarios con doctorados y magíster, por ejemplo, más validados por la academia y la élite finalmente. Para ustedes, este detalle ¿qué valor diferenciado tendría?
Ernesto: Las estructuras discursivas que propenden a difundir la crítica son diversas y tiene públicos diversos, no las pondría en competencia con la crítica joven que pueda emerger de la plataforma que estamos presentando ahora, para nada. Pienso más bien en la figura de los círculos de los juegos olímpicos. Nos interesan mucho las intersecciones de esas argollas, pues es donde confluyen lo diferente. Ante un ecosistema del libro con escasísima recepción de la producción regional en medios, sitios como estos son fundamentales. Es impresionante que solo tengamos una columna de una vez a la semana en un solo medio para criticar libros en casi diez periódicos, incluyendo los del interior. Para una región que publica más de un libro diario eso no es nada.
Priscilla: Estaba pensando en que tiene razón el Ernesto, efectivamente son y pueden ir dirigidos a diferentes públicos y que no tienen por qué entrar en competencia. Pero también hay que pensar que la historia reciente nos ha hecho cuestionarnos estos espacios institucionales en donde circula el conocimiento y que están de la mano con el poder: el económico, el del Estado, el histórico, ese que jamás vamos a tener y espero tampoco nos interese acercarnos. Abrir estos espacios —pequeños, pero fruto del trabajo escritural y de lectura— me da la sensación que pueden tomar protagonismo en un escenario tan aciago y tan lamentable como el nacional. Efectivamente son escritores que seguramente están terminando la universidad o que son tan poco académicos como uno, pero tienen ejercicios de lectura y el solo hecho de difundir hace que se pongan en relación con otros lugares, llegando a diferentes lectores, hasta a los colegios porque son materiales, visiones súper necesarias.
Bueno, nosotres difundimos contenido online, en ese sentido ¿qué otra diferencia habría en esta crítica que visualizamos de manera digital versus papel?
Priscilla: Si lo decidieron ahora, bacán. Si fue antes fueron unos visionarios porque hoy como no se puede hacer nada de persona a persona. Ahora yo sé que no, que hay una planificación y que el medio se plantea de este modo, muy atingente. O sea, todos leemos online, es cierto que la plataforma online tiene requerimientos de espacios, ritmos distintos al papel y eso me parece muy necesario de ver también. Un texto en papel no es igual a uno digital, no puede tener la misma extensión, no así la profundidad, pero yo revisé la página que ustedes están presentando hoy día y me pareció hermosa, además, un tremendo diseño, me encantaron las fotos. Todo eso comulga.
Ernesto: Mira, yo ahí tengo un matiz y vuelvo a la historia. En la década de los 90’ teníamos un sitio web de noticias llamado Primera Línea, duró como tres años. Nosotros tomábamos la crítica y la subíamos. Cuando desaparece, realmente se esfuma. Me aflige que esto tan hermoso e importante no pueda tener mecanismos de resguardo. A veces me da temor la fragilidad de lo que va a pasar en 50 años más.
Priscilla: Sí, estoy de acuerdo con Ernesto, entiendo su nerviosismo ante la cuestión tecnológica, me pasa igual, pero creo que el soporte papel también es una cosa que desaparece. Como bien dices, ¿50 ejemplares o 100 ejemplares dejan de existir en en 10 años? Y fin, nunca más los viste en ninguna parte. En cambio, en el soporte digital, con páginas como Memoria Chilena, tienes un espacio digital que recopila literatura y que no puedo encontrar en otras partes. A nuestra generación, querido Ernesto, nos cuesta pensar en que lo digital es lo permanente porque se caen los sitios, pero cada vez más uno puede visualizar el modo en que se está difundiendo ahora el conocimiento. No va ser en papel, sino que será en digital. Además, que también es más ecológico. El tránsito será inevitable.
Ernesto: Sí, más que soporte creo que se debe hablar de políticas de fondo porque Memoria Chilena responde a una política de Estado, es algo que va pasar por el gobierno de turno, ya se tomó la decisión al respecto de salvaguardar el patrimonio bibliográfico y nacional. Tenemos la certeza de que se mantiene en el tiempo. Ahí también hay una tarea del editor de ver qué hace con el catálogo que gestiona, no es mecánico. Uno hace un libro de Valparaíso y no pasa que inmediatamente el lector porteño baja de los cerros a buscarlo.
Hay un punto clave allí, pero yéndonos más ahora al rol de la crítica, me gustaría saber cuál creen que es y con cuál se sienten más representados, porque algunas personas consideran que solo se trata de decir lo bueno y lo malo.
Priscilla: No tengo tanto tiempo dedicado al trabajo con la crítica literaria, este es mi tercer año en Grado Cero antes, ahora Palabra Quebrada. Me he preguntado harto acerca de qué monos pinto en este escenario y por qué tendría que hablar de otros libros. La verdad me interesa el trabajo del escritor. Soy escritora y cuando me aproximo a la escritura lo hago desde Priscilla Cajales, qué y cómo ha leído. Debí perderle el miedo a “yoisar” mi discurso, uno tiende a despersonalizar, pues pareciera que eso te posiciona en un lugar que no sé cuál es, parece mejor que el del “yo”. He visto que esa forma ha sido poco fructífera. Puede que les importe a dos o tres personas lo que opino, pero me planteo como alguien que tiene una forma de leer, que es expuesta. En La Palabra Quebrada las reseñas son medias híbridas, es bueno porque permite versatilidad. Básicamente es una aproximación personalísima acerca de un libro, puede confrontar o acompañarlo y busca que se entere el resto de los seres humanos que existe.
Ernesto: Bueno, esa es una discusión ardua. Pero lo voy a responder como editor y luego como lector. Como editor uno espera que la crítica se refiera a contenido, fondo por sobre forma, que exista cierta contemporaneidad con respecto a la publicación permitiendo el ingreso a librerías. En cuanto a lector, me encantó el prólogo de Mario Benedetti a un libro que tituló “Crítica cómplice”, donde sostiene que el crítico debiera ser una suerte de puente entre el autor y el lector posible, no ponerlo en difícil. Comparto ese criterio pensando en quienes no son asiduos lectores, esa es la gracia de plataformas como estas: existe la posibilidad de que alguien haga click, inclusive por la fotografía, y quede enganchado. Lo leerá en la medida en que la crítica sea inteligible, destaque contenido/obra y no sea tanto lucimiento personal, un exceso de terminología dura, pesada, que al final termina expulsando al lector. Esa crítica que rodea a la obra de murallas alambradas con cocodrilos cuidándola no ayuda en nada. La crítica debiera ser lo más amable posible.
Nuestra labor se supone que es ensanchar el campo lector. En la medida que uno quiere trabajar por aquello, también en algún momento debe dejar de hacer prácticas que están destinadas a gente como uno si se supone que queremos llegar a otros lectores y hacer presentaciones en otros espacios que no tocamos, no vamos a los cerros u otros espacios diferentes.
Priscilla: Estaba pensando en que parece una tarea titánica esta que tiene que hacer el editor y escritor, no solo escribir ni publicar sino subsanar un medio para llegar a los lectores y subir a todas partes a buscar a esos nuevos lectores. Me parece que entiendo la perspectiva, pero también es cierto que hay todo un aparataje estatal que está pensando para que no existan lectores en Chile, es una cuestión que viene desde la educación primaria. Imagino al editor con su saco de libros en la espalda tratando de repartirlos en todas partes cuando en verdad los libros no están en el momento indicado para que lectores partan siendo comunidad lectora. Entiendo que hay una labor, el editor tiene que hacerlo, es parte de la pega, se supone, pero también es cierto que hay un montón de factores que están trabajando para que este minúsculo mundo cada vez sea más minúsculo.
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Justamente, tanto Priscilla como Ernesto han realizado todos los oficios, convirtiéndose en una especie de “súper escritores” multidisciplinarios por realizar dicha tarea titánica: desde escribir hasta criticar y publicar. Me pregunto si según esa experiencia conciben la idea de una buena o mala crítica, les hablo de las claves. Y Priscilla dice que no sabe, que es difícil, porque “una conecta con los textos no más”, que esa transparencia que dice Ernesto se trata de hacer que un libro parezca un amigo o un enemigo. Ningune se atreve.
Sin embargo, Ernesto da con una pista: la materialidad, la enorme producción en la que también se hallan los libros autoeditados. Es decir, reseñar lo que TODO el territorio genera y evitar caer en un segundo centralismo llamado Valpo-Viña y “Quillota si te visto no me acuerdo” o Villa Alemana, Quilpué, Calera. En los últimos años las editoriales independientes de Valparaíso han logrado anotar tres triunfos a nivel nacional. Uno de ellos, un libro publicado por Hebra Editorial de la que Priscilla es editora.
Llega una pregunta a través de comentarios: “¿No creen que se está tratando el tema de manera muy academicista?”. Priscilla afirma que siempre está ese fantasma latente de la academia, como si fuese el único espacio de legitimación donde la gente logra pasar a la historia. Lo compara con el capitalismo, que todo lo absorbe igual que la academia. Por eso “el mundo de la literatura siempre la mira con sarna”, porque hay razones históricas, pero ahora están pasando cosas más interesantes fuera de allí.
Aunque después de la dictadura, agrega Ernesto, encerraron la dimensión de la obra, gran parte se fue al exilio y eso generó cierta estandarización de la recepción crítica. Incluso, haciendo que algunas zonas de la crítica joven jueguen a ser un poco de academia. “Se nota en el lenguaje, que propende más al lucimiento que al afán de comunicar lo que se ha leído en el libro. Me llama la atención cuando estás comentando la obra con alguien y te preguntan ¿y tú qué estudiaste? Se asume que eso implica algo en la universidad”.
Por último, alguien más comenta desde otra pantalla: “Los escritores fuera de la academia, ¿qué pasa con ellos?”
Priscilla: Los escritores fuera de la academia viven po, viven como los otros, tienen (tenemos) que escribir y cuando uno no tiene el espacio dado por el poder —donde supuestamente se genera el conocimiento— tiene la responsabilidad de existir si así lo quiere. Dar la pelea en todos los espacios que pueda abrir. Por suerte el espacio literario en los últimos 10 años ha cambiado un montón, ahora las editoriales independientes han abierto un espacio que no se va a volver a cerrar porque ya son parte de la geografía de la literatura en Chile. Hay escritores que ya no quieren publicar en estas editoriales consagradas o más comerciales y que van hacia lo independiente porque ahí tienen libertad, llegan al público que les interesa. El de ahora es un espacio mucho más amable, aunque tiene la contraparte de que existe mucho, pero a mí me gusta ese mucho: libros, diferentes formatos, fanzines.
Ernesto: No sé si comprendo bien la pregunta, la leo en dos planos. Efectivamente la escena de producción editorial se ha masificado. Eso de alguna manera fue abriendo un espacio nuevo y cuando comenzaron a aparecer editoriales independientes, surgieron librerías independientes, casi de una manera natural porque había un problema de canal de salida. Este aumento de producción no podía llegar a la Feria Chilena del Libro, pues estaba en otro registro en ese momento. Entonces, de una manera orgánica, si tienes editoriales independientes, luego librerías, es obvio que van a surgir medios independientes que harán reseñas y espacios críticos. Estamos ad portas de algo así como una academia paralela. Vamos a tener una densidad crítica en un espacio diferenciado que estará en otro lado, como la universidad popular. Todo esto por debajo en realidad lo que tiene es una disputa por la hegemonía cultural. Un sano conflicto que moviliza las energías para un nuevo campo cultural crítico.
SE APAGA LA PANTALLA
* Ilustración de Vladimir Morgado.